El breve tiempo pandémico

Una
sociedad, tal como la que hemos construido entre todas y todos, no
puede pensar sino que el tiempo de la actual pandemia ya ha sido
demasiado largo. A pesar de nuestra amplia y larga historia de pandemias
que han durado años y otras aún permanecen intactas pero controladas en
nuestra humanidad, aún no tenemos claridad respecto de cuanto debemos
esperar para salir adelante de las angustiosas situaciones que resultan
de las indignas muertes, de los efectos profundos en la economía
personal y colectiva, de las limitaciones de los espacios soberanos de
libertad, del distanciamiento social y afectivo. Es una realidad
dramática que nos ha tocado enfrentar, estando insertos en un mundo que
construimos creyendo en la existencia de esquemas globales, simetrías y
leyes generales inmutables. Con la globalizada pandemia hemos
descubierto una vez más lo mutable, lo temporal y lo complejo pues,
contra todo lo que hemos tratado de crear, estamos integrados aun
planeta que funciona no como el propio hombre o mujer quiere. Por el
contrario, la organización y la estructura de la propia naturaleza nos
ha demostrado, a través de toda la historia, que la esencia básica de
ella es el azar y la irreversibilidad de todos los fenómenos naturales.
En este contexto natural, el tiempo, medido con la urgencia humana, se
vuelve inevitablemente escaso, determinando una conflictiva y no
resuelta demanda por soluciones efectivas y por el rápido retorno de
beneficios. Pero esto no sirve para suplantar las necesidades cotidianas
e inmediatas surgidas muy rápidamente, en cuestión de meses, y que
tienen que ver en gran medida, con condiciones de salud, alimentación y
trabajo logradas en décadas de contradicciones sociales y políticas. Los
nuevos parámetros impuestos por un agente externo a nuestras más
íntimas convicciones sociales y políticas, han hecho resurgir las
asimetrías sociales y económicas, han determinado que las urgencias de
sobrevivencia vuelvan a basarse en las acciones locales y en las
decisiones personales pero conjuntas y han puesto en evidencia que, ni
siquiera la globalización, es capaz de definir con precisión el término
de la tempestad pandémica. En estas condiciones, estamos enfrentando un
vertiginoso cambio social y político, con todas sus incertidumbres e
inseguridades pero que cuestiona, aparentemente, la premisa establecida
de que no nos necesitamos unos a otros para alcanzar algún tipo de
plenitud social o realización humana. Pareciera que esta crisis
sanitaria nos ha vuelto a poner en un plano natural, dentro del cual
debería darse un nuevo paréntesis para retomar la antigua idea de que la
vida tiene espacio sobrado, y nos da el tiempo necesario, para ejercer
el derecho a la tolerancia, a la fraternidad y la filantropía. Estos
valores son esenciales para, en palabras del Gran Maestro de la Gran
Logia de Chile, producir hechos morales, los cuales pueden tener
consecuencias políticas y por tanto pueden repercutir positivamente en
el estilo de sociedad que debemos comenzar a reconstruir en el presente y
para el futuro.

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