El “buenismo” en la política… ¿quién es quién?…

Ver en la tele a un Joaquín Lavín (aliancista-bachelista y ahora social demócrata) haciendo el ridículo con Francisco Vidal, escuchar declaraciones del socialista-compañero “panzer” Insulza optando por la derecha, ver a un Moreira convertido por obra y gracia de no sé qué espíritu en un defensor de la democracia, escuchar a un “cuanto hay” de la política chilensis haciendo gárgaras de arrepentimiento, empatía y comprensión por los más desposeídos de la patria, no es cosa nueva… Cuando este Titanic ya estaba a punto del choque fatal, surgieron los “iluminados” que, abuenados todos por “el bien de Chile”, estamparon su firma que evitó (mejor dicho alargó) el hundimiento fatal de una clase política que (excepciones notables) están más solos que Toribio el náufrago… Por el imperativo de la unidad, los ayer enemigos, hoy no lo son tanto; los ayer irreconciliables, hoy buscan consenso; los que ayer decían que Guillier y Piñera era lo mismo, hoy buscan alianzas para ofrecer sus mejores y honorables servicios al país; los que antaño se mostraban las uñas, hoy van a la misma manicurista, es decir, nada nuevo bajo el sol y para los que hemos vivido este proceso, sabemos muy bien cuál es el propósito: mantener las prerrogativas de un sistema político que por ley los financia, los protege de cualquier intromisión molesta (independientes) y pretende mantenerlos con sus repartijas de poder, sus acuerdos entre paredes y cocinas y seguir, a como dé lugar, en este vaivén de las sillitas musicales aguardando con sus currículos bajo el brazo quién será el próximo que se haga del poder… Pero, o no han entendido nada o, lo peor, lo han entendido todo (me inclino por esto último). Tendremos, para variar, dura batalla contra el sistema, tendremos, para variar, que luchar contra enemigos fabulosos, tendremos, para variar, que esforzarnos al máximo para no cometer los errores del pasado e instalar el paradigma político que las calles, las plazas, los muros, los muertos, mutilados, presos, manifestaron en el país: ¡ya basta!, ¡ya ha sido suficiente!… Son muchas cosas más las que estarán en juego en el futuro: nuestra Constitución, nuestro modelo político-social y la manera en que elegimos a nuestros representantes. Esta vez el voto tiene varios significados y uno de ellos es cambiar radicalmente la manera de hacer política en nuestro país para elegir representantes que no borren con el codo (o firma infame) lo que el pueblo les demanda, no elegir más de lo mismo, terminar con las “camas calientes” y dar paso a la representatividad de la sociedad civil de los territorios y de la comunidad que se está organizando absolutamente independiente de la lógica maquiavélica de los partidos tradicionales. No será fácil: lucharemos contra leyes, contra regulaciones que no nos favorecen, pero, no estamos solos, no estamos solos… Veremos cómo nos organizamos para impedir que, como siempre, los panzer, los conversos, los “buenitos” no se roben el sueño de un país mejor. Para todos, como siempre, un abrazo.
P.D.: menos para los buenitos, los amarillitos y los que bajo el eslogan de la unidad nos quieren borrar del mapa.

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