El cambio que no fue

El
país y en particular la Región Metropolitana vive quizás lo que hasta
ahora es la peor cara de la pandemia. La tasa de contagios diarios y el
número de fallecidos va en aumento y son miles las personas que
requieren atención de salud en Hospitales con altos grados de
saturación, estrés y escasez de camas críticas. A esto se suma una
profunda crisis social en donde muchos compatriotas pasan hambre y una
serie de otras necesidades que generan desesperación e intranquilidad.
Con esta cruda realidad sanitaria y social golpeando a Chile, el
gobierno a través de su vocero reconoce que todos los ejercicios
epidemiológicos, las fórmulas de proyección “se han derrumbado como
castillos de naipes” y que “se navegaba en una suerte de oscuridad”. Una
fuerte declaración que llevó a la prensa y a los diversos portales de
información y redes sociales a especular acerca de un cambio de gabinete
inminente. La evidencia y el análisis apuntaban a que era necesario un
cambio de vocería y estrategia para recuperar la credibilidad,
rectificar errores, asumir nuevas acciones y modelos, y de esta forma
salir a frenar las preocupantes cifras de la pandemia que ponen en
riesgo la sobrevivencia de la población.

En
este escenario el pasado jueves 4 de junio el Presidente Sebastián
Piñera anunció un cambio de gabinete. Para sorpresa de todos,
independiente del prisma o ángulo de análisis, los cambios no tuvieron
relación alguna con la crisis sanitaria, social y económica que
atraviesa el País. Y en realidad de cambio no tuvo nada y sólo se trató
de una serie de enroques. Una verdadera silla musical en donde los
personajes sólo cambian de cartera ministerial. Es decir, al gabinete no
se incorporan ni rostros ni competencias nuevas, ni ideas ni enfoques
nuevos. Entonces las preguntas son evidentes: ¿En qué favorece este
cambio a la gestión de Gobierno en tiempos de Pandemia? ¿Qué motivó el
cambio? ¿A quién favorece estos enroques? Y las posibles respuestas
cubren con un manto de mezquindad,
pequeñez
y aprovechamiento este cambio de Gabinete. Al parecer el  Presidente,
suequipo de asesores y los partidos de Chile Vamos están más 
concentrados en el balance de poder de los partidos oficialistas y su
representación en el Comité Político de la Moneda, que en rectificar las
acciones y visiones en que el Ejecutivo ha tenido un mal desempeño
llevando al fracaso en la contención del virus o están más preocupados
en sacar pequeños dividendos electorales de la ayuda que en tiempos de
pandemia se entrega a la población, al remover a un ministro
independiente como Sichel y colocar un ministro militante de un partido
oficialista.

Los
que tenían que salir no salieron. Cuando ya nadie en Chile confía en
las cifras, los lineamientos y la contención de la pandemia, y cuando
más se hacía evidente rectificar las acciones, el Presidente opta por no
hacer cambios ni a la vocería ni a la estrategia fracasada. El
desempeño y las decisiones del ministro de Salud, Jaime Mañalich,
ameritaban su destitución ya que su actuar no sólo ha sido exitista,
soberbio y poco inclusivo, sino que poco oportuno, y efectivo,
provocando que muchos compatriotas lo estén pasando mal y muchos pagarán
con sus vidas sus errores. Su permanencia sólo puede ser atribuida a su
relación cómplice con el Presidente. Mañalich ejecuta la voluntad y
pensamiento de Piñera y en su rol de escudero absorbe las críticas de
los errores que ha cometido el Gobierno. De este Gobierno no hay mucho
positivo que esperar y cada día la población tiene la triste sensación
que de esta crisis salimos solos.

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