Uno
de los paradigmas culturales de nuestra actualidad, es que quien
controla el relato maneja las conciencias y la visión de los hombres. Lo
sabemos a nivel mundial lo que ameritara otras columnas, todo se
encubre y utiliza en una verdadera guerra mundial de creciente
intensidad, y lo mismo ocurre a nivel interno en nuestro país. Y como
somos el paraíso de la hipocresía, todos mienten o callan, cualquier
cosa menos se sepa la verdad. Por eso nadie lo dice. Chile está
destrozado, la amistad cívica simplemente desapareció y se vive un
enfrentamiento entre dos fuerzas que ya no pueden conceptualizarse solo
como derechas o izquierdas, porque hay varias en cada una de ellas. Es
una auténtica guerra civil, de baja intensidad en aumento seguro. Por un
lado, los que somos partidarios de una sociedad libre, que creemos y
apreciamos el respeto al derecho ajeno y a las obligaciones correlativas
a cada derecho, así como al principio de responsabilidad y de probidad,
en una democracia representativa con alternancia en el poder. Por otro
lado, los que aduciendo un igualitarismo contrario a la naturaleza
humana, pretenden y avanzan a diario en la construcción de un nuevo
orden político, cultural y económico sobre las ruinas del orden
existente ya bastante maltrecho, para el establecimiento de un nuevo
“Estado social de derechos”, o sea un sistema socialista en que los
derechos de las personas queden supeditadas a los derechos e intereses
del Estado y por cierto del gobierno del mismo, pero en términos de no
retorno, es decir, definitivo y totalitario. Por algo su doctrina es
escatológica, en otras palabras, es el termino técnico de “pagina en
blanco”. No son mayoría y no les interesa serlo porque tienen el manejo y
los recursos para engañar a millones, hacer alianzas de conveniencia y
arrastrar a aquellos “socialistas democráticos” que como en la
revolución bolchevique, terminan utilizados y después aplastados por esa
extrema izquierda que desde octubre de 2019 ha ido imponiendo todos sus
términos. Cuando los “derechistas” de matinal suponen que este gobierno
aún tiene alguna proyección después del desastre piñerista solo porque
la izquierda carece de programa, pasan por alto que el programa de esa
izquierda extremista neomarxista es precisamente hacer su revolución,
construir un Estado totalitario controlado por ellos y supeditado al
Cabal del nuevo orden mundial, ayudados por la “pandemia”. A esa
izquierda que hoy controla a las otras izquierdas, no le interesa ni el
“crecimiento económico” ni el funcionamiento de un país moderno, esos
son paradigmas de este “modelo” cuyo cambio esperan consolidar a través
de una “nueva Constitución”. En Chile quedan los colgajos de la
constitución que aun rige solo en el papel, tanto el Congreso como el
Ejecutivo la vulneran por acción u omisión casi a diario. La Araucania
es solo la región “piloto” de la revolución molecular disipada que se ha
estado aplicando para de construir a Chile como tal, y en cualquier
momento el Estado de Chile claudicara a la pretensión que todos sabemos
hay de fondo pero nadie se atreve a decir: la creación por los
revolucionarios narco vinculados de un nuevo Estado, escindido del
territorio nacional que así se cortara en dos, pero parasito del
nuestro. Mantenido con nuestros impuestos como alguna vez soñó Orielle
Antoine. Con honrosas excepciones, los medios nacionales están pauteados
por CNN -una cadena globalista promotora de todo lo que la izquierda
está logrando en nuestro país-, y que hace eco inmediato de cuanta
diatriba se le ocurre a esa izquierda, la última, el “racismo contra el
pueblo mapuche” después que los ciudadanos de Malleco hicieron lo que el
Estado no fue capaz. Han aprovechando muy bien al Covid 19, mientras
este Estado fallido con un gobierno cómplice de la izquierda
revolucionaria y totalitaria, por un lado clama por medidas sanitarias y
de control de la enfermedad pero por otro a como de lugar insiste en
realizar el plebiscito del 25 de octubre, que la izquierda necesita y
exige para regularizar su “modelo” mientras las ollas comunes y los
desempleados pululan en cada región de Chile. Y por cierto ocultan que
en esta incerteza la economía y empleo jamas se levantaran. Dios quiera
los chilenos seamos capaces de darnos cuenta a tiempo del relato
mentiroso que domina a nuestro país y al mundo.