“Los órganos del Estado actúan válidamente previa investidura regular de sus integrantes, dentro de sus competencia y en la forma que prescriba la ley”. El inciso 1° del articulo 7° de la Constitución Política establece así el llamado principio de legalidad que rige a todas las entidades y funcionarios públicos, y es uno de los pilares de nuestro sistema institucional, que restringe de esa manera el poder del Estado. Vale la pena recordarlo siempre, porque a raíz de la descontrolada pandemia del Covid-19 se observa una vez más, visos de desesperación de autoridades que insisten en seguir corriendo el cerco sobre los derechos de las personas y la certeza que deben imperar en una nación civilizada.
Ni aun en estado de catástrofe se admite excepcionares de la regla legal de nombramientos y potestades, no obstante se pretende cualquier funcionario público requiera a las personas su permiso y cedula de identidad, y ello legalmente es imposible. No es la ilegalidad lo que preocupa, sino el mostrar como de a poco va construyéndose una forma de estado policial, ya ni siquiera ejercido por policías y uniformados sino por verdaderos “comisarios del estado”, funcionario no habilitados por ley y que no pueden serlo por decreto.
Lo que nos hace reflexionar en que el drama de esta pandemia jamás puede servir de excusa o justificante para pasar sobre derechos individuales, y los ciudadanos menos debemos aceptarlo. Llevamos más de siete meses viviendo en una gigantesca cárcel restringidos en todas nuestras formas de desplazamiento, en nuestras actividades económicas, nuestros horarios, nuestros viajes. ¿Se puede validar todo ello en aras de la salud pública? Transcurridos siete meses desde el inicio oficial de la enfermedad en Chile, ya se tiene muy claro que son las personas y mientras más reunidas peor, quienes transmiten el virus. Por consiguiente, reducir la movilidad y la reunión de personas es aspecto esencial que corresponde a la autoridad. Pero no puede solo la autoridad seguir en este plan “represivo” que está fallando, es necesario incorporar a cada ciudadano, motivarlo, comprometerlo, concientizarlo sobre su responsabilidad y sobre normas higiénicas, revertir la cultura de incumplimiento normativo que reina y producir repudio social al incumplidor. Mucho me temo se ha olvidado que el Estado esta al servicio de la persona y no al revés, y por eso el plan no da resultados, porque olvidaron a la gente, a una ciudadanía comprometida, y se centraron en medidas de fuerza ,con alto grado de ineficiencia reconozcámoslo, y sin considerar el riesgo cierto de reuniones de millones en fiestas patrias, filas interminables en calles, y cuarentenas que producen un efecto rebote en contrario. Las medidas han liquidado el empleo y la actividad económica generando incertidumbre en muchos afectados ya síquica y físicamente. Y en menos de un mes, se pretende realizar un plebiscito en que millones salgan a votar, generando mas movilidad que nunca en ocho meses, y reuniones masivas de miles en cada local. El virus no guarda distancias, flota en el aire, no viaja en automóvil. El levantamiento de esa última restricción en Punta Arenas debió demostrar que la desesperación es mala consejera.
Ha llegado el momento de replantear toda una nueva estrategia que permita reiniciar las actividades, pero a la vez incrementar la seguridad y eliminar cualquier foco de riesgos masivos. Legislación especial para sancionar eventos masivos, la norma penal que invocan es débil y discutible. Ni recitales, ni estadios con público. Pero el Estado es quien genero el mayor foco de riesgo para el 25 de octubre ,coarta nuestras libertades y se malgasta los escasos recursos en un proceso que puede esperar mejores tiempos. La ciudadanía esta neutralizada, sometida, acostumbrada ya a que vulneren sus derechos, mientras el Estado con la excusa de la pandemia los sigue vulnerando en aras de superarla, pero es incapaz de suspender el que ser “la madre de todos los contagios”. Me temo todo indica que ya somos un Estado totalitario en su etapa aun suave. “Todo dentro del Estado, nada fuera de el”.