El desafío de los nuevos paradigmas educativos

La
pandemia del Coronavirus nos ha llevado a reflexionar sobre diferentes
aspectos vinculados con nuestra sociedad y aquellos que tienen que ver
con las habituales formas de trabajar y desarrollarnos en nuestro
entorno cercano. Los aspectos y roles productivos, la salud, el comercio
tradicional, todos estos y otros más, han debido repensar el presente
pero particularmente sobre el futuro preguntándose cómo continuarán con
sus actividades.

La
educación no ha estado ajena a esta reflexión y si hay algo en que
podemos estar de acuerdo, es que, resulta necesario la formulación de
proyectos educativos que sean diferentes al que ya conocemos.

En
el presente, decididamente nos hemos visto impulsados abruptamente a
tomar una nueva dirección en el ámbito educativo que nos lleva a adoptar
un nuevo rumbo, completamente distinto al tradicional proceso que hemos
venido llevando a cabo hasta hoy, lo que nos invita a asumir nuevos
lineamientos y focos estratégicos que permitan al estudiantado en
general, a asumir una concepción completamente diferente de lo que
significa la educación en medio de una crisis sanitaria y de las reales
dimensiones de lo que representa esta pandemia.

Las
opciones no son muchas al momento de analizar el eventual retorno a
clases, pero se hace necesario tomar una decisión, la que conlleva un
grado de compromiso de quienes son los principales actores de este
proceso, tal vez, mayor que el asumido en el tradicional, porque incluye
elementos nuevos y apunta por fin, a ejercitar por parte del alumno la
responsabilidad, autonomía en los aprendizajes y la autodisciplina. De
esta manera, docentes, estudiantes y padres, es decir, la comunidad
educativa en su conjunto, deben comenzar a poner en práctica nuevas
metodologías y técnicas que contribuyan a avanzar y desarrollar de la
mejor manera posible los contenidos propuestos, que, por otro lado,
probablemente, también sufrirán modificaciones en cuanto a las nuevas
necesidades que comienzan a surgir en la sociedad.

Y
así como hemos mencionado en otras oportunidades, estamos en medio de
un momento que es también una posibilidad para tomar esa misma
tecnología y recursos inteligentes y darles un sentido pedagógico, que
comiencen a ser parte integral de la planificación educativa y en donde
el docente asume nuevos roles, el de conductor de sus estudiantes en una
nueva dinámica de generación de aprendizajes.

Sin
lugar a duda, la educación está entrando en una fase del desarrollo de
las sociedades que no teníamos previsto al menos en el más cercano
tiempo. Hoy los plazos se han desdibujado y los procesos acelerado de
manera tal que, la reflexión y la acción deberán comenzar a trabajar
juntas para poder dar una oportuna respuesta a las necesidades del país.

Y
si hablamos de necesidades, en este mismo espacio de análisis, no
podemos perder de vista las particularidades de las regiones y de los
propios territorios dentro de ellas. Así como en otros ámbitos y áreas,
la educación debe también considerar la diversidad de realidades que
conviven en Chile y en Magallanes.

Culturas
y costumbres diferentes, geografías que determinan a las comunidades,
son solo algunos de los factores que influyen directamente en el
desarrollo de las personas y es necesario que formen parte importante al
momento de la planificación de las nuevas estrategias educacionales
pensadas para este futuro cada día más cercano.

La
educación entra en una fase apresurada por la contingencia de una
pandemia que nos sigue presentando desafíos. ¿Qué tan preparados nos
encuentra? La respuesta debe ser prontamente construida como sociedad.
Los tiempos corren y nos exigen inmediatez.

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