El deterioro

Con
la complicidad de 13 congresistas sin principios, valores sustanciales
ni ideas se aprobó el agrietamiento de la represa que sostiene parte del
mercado de capitales de nuestro país. Es tan el nivel delirante de la
argumentación de los congresistas de la actualidad que hicieron oídos
sordos a las rimbombantes comisiones Marcel o Bravo, en aquellos
momentos donde aún existía algo de amistad cívica.

El
deterioro ha sido tan profundo, con la complicidad de los grandes
medios de comunicación nacional, que destruir sistemáticamente el país
no corresponde a ningú
n
acto de terrorismo, faltar el respeto a la autoridad y realizar actos
performativos es tomado como chiste, llamar a destruir el país no tiene
consecuencias en sus cargos en el congreso y saquear tampoco suscita
mayor condena moral por las grandes cadenas de comunicación nacional.

Según
un informe del Instituto Res Publica, el 83 % de los senadores de la
república que han presentado mociones inadmisibles tan solo este año
2020 están por el apruebo. Eso implica que tanto diputados como ciertos
senadores no están respetando lo mínimo que juran declarar al asumir
representar a los ciudadanos, una señal grave para nuestra democracia. Y
ahí están los matinales, que en algún momento eran un alivio para
distender a las familias en casa, ahora saturando con política, la mala
política, tensión, polarización y fomentando el desconocimiento y la
desinformación.

En
cualquier país donde no se respetan las reglas mínimas para la
convivencia democrática se comienza a caer en picada ¿será que los más
optimistas esperarán gran inversión extranjera en un país donde las
reglas del juego pueden ser vulneradas por los mismos tomadores de
decisión? La respuesta es no, nadie asumiría el riesgo de que su
inversión pueda ser tomada por políticos en un corto o mediano plazo. Es
por ello, que el j
uego
de la promoción del odio a la disidencia y a los creadores de riqueza,
que están promoviendo los sectores radicalizados de la izquierda
nacional, es el agua perfecta para que el pez de la subversión o
insurrección avance en su modelo revolucionario sin dar pie atrás.

Hay
que entender que la nueva izquierda no tiene como base solo la toma del
poder de los sistemas de producción, sino que ahora es promotora de lo
que algunos teóricos suelen llamar deserción, deserción de la escuela,
familia, ciudadanía, responsabilidades, oficina y por ende una
emancipación de ese nuevo hombre de base situ
acionista, que no quiere nada y también lo quiere todo.

“Hasta que valga
la pena vivir”, se leen en las calles enmohecidas, en medio del frío y
el silencio de una patria que fue conectada a un ventilador mecánico.

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