La
película “The day after”, postula una guerra entre fuerzas del mundo
libre de la OTAN y las fuerzas tiránicas socialistas del Pacto de
Varsovia, que se intensifica rápidamente en un intercambio nuclear,
aniquilando a la población civil.
Hoy
vemos millones de chilenos agolpándose enfilas presenciales o virtuales
para retirar el 10% de sus fondos de pensiones. Muchos lo hacen para
cubrir necesidades apremiantes al no tener ingresos debido a la crisis
que vive el país desde octubre; otros tantos para obtener un capital
para invertir o empujados por la reflexión: “mejor pájaro en mano que
cien volando”. En definitiva, un 37% (más de 4 millones) de los
afiliados al sistema de AFP han requerido sus recursos para enfrentar lo
que viene, tal cual lo efectuaban angustiados civiles de la película
buscando sus provisiones para resguardarse del inminente ataque nuclear.
El
ambiente es tenso en Chile. Nuestro país hace menos de un año, con
todos sus problemas y desafíos pendientes, seguía siendo para la inmensa
mayoría de los chilenos y el mundo, una sociedad que caminaba hacia al
desarrollo. Sin duda, había perdido fuerza en ese andar, pero tal como
se premia a los mejores alumnos en el colegio, siempre obtuvimos el
diploma de honor en el concierto latinoamericano. La gente me dice:
¡Cómo echamos de menos volver a sentirnos contentos en nuestro propio
país!. Hoy, la desconfianza reina y tenemos la sensación que en
cualquier momento una minoría intensa de extrema izquierda y anárquicos
que poco o nada han aportado al bienestar de la comunidad, podrían
terminar de destruir lo que a generaciones honradas y trabajadoras costó
tanto construir.
Mientras
la gente se aprestaba a retirar su10%, el senador Navarro protagonizó
la escena al señalar la “urgencia de derogar el DL3500 y nacionalizar
las AFP”. ¿No es contradictorio justificar el retiro de fondos apelando
al derecho de propiedad de las personas sobre sus cotizaciones, y el día
después, exigir expropiar los mismos fondos de pensiones? Lo que buscan
Navarro y secuaces es transformarlos en un fondo colectivo administrado
por ellos, los mismos políticos que gozan cero credibilidad, y que han
demostrado ser una manada de lobos hambrientos.
La
solución para lograr mejores pensiones no es sustraer el dinero fruto
del trabajo de millones de trabajadores, derogando el derecho de
propiedad consagrado en nuestra Constitución. De hecho, el Estado
tendría que indemnizar a los afiliados, gracias a la protección que nos
otorga nuestra actual Carta Fundamental, la que ellos quieren abolir y
escribir desde cero para lograr sus objetivos. Al contrario, la solución
de mejores pensiones se encuentra en el adecuado equilibrio entre las
contribuciones al sistema deforma tripartita: trabajadores, empresas y
Estado. Sin embargo, en un país que envejece (población inactiva crece
en relación a la población activa) no es sostenible en el tiempo
alcanzar mejores pensiones para todos sin garantías al sector privado –
productivo para trabajar en paz. En un ambiente de total incertidumbre,
de políticos que buscan colectivizar lo que es nuestro para alimentar su
propio poder, se socavarán los incentivos a la inversión y crecimiento
económico, bloqueando la recuperación del país, anclando un alto
desempleo crónico y asistencialismo empobrecedor para todos los chilenos
y magallánicos.
Tal
como en la película “el día después”, despejado el 10%, se cierne el
ataque sobre la riqueza de los chilenos. Espero que reaccionemos y
abramos nuestros ojos antes que sea tarde de ver nuestra propia casa en
ruinas preguntando: ¿hay alguien ahí?.