Algunas características distintivas de los adultos mayores son: el deterioro tanto físico como psicológico, la jubilación y la cercanía con la muerte. En la medida que aumentan los años que viven los ancianos, se van dando cuenta que sus pares van falleciendo y esto les va generando una inexorable soledad.
Si bien es cierto, las características mencionadas han estado y están presente en los ancianos a lo largo de toda la historia. Esta etapa puede vivirse de una forma más o menos llevadera, dependiendo del concepto cultural que se tenga de esta y del rol que se les otorgue a los ancianos. En la antigua Grecia, una sociedad guerrera, los hombres mayores de 60 años eran absueltos de sus compromisos con el ejército y el poder quedaba en manos de ellos. Además, eran ricos y eran quienes les inculcaban a los jóvenes el respeto por los mayores. En el Imperio Romano todo el poder se concentraba en el Senado, el que estaba formado por ancianos, quienes eran los encargados de la administración de justicia y de las relaciones diplomáticas. Incluso tanto en China como en Japón, se han llegado a venerar a los ancianos.
La realidad que afecta a los adultos mayores no solo está asociada a la pandemia, lamentablemente es una problemática de larga data en nuestro país.
En un periodo de crisis tan intensa como la que estamos viviendo, quizás es el momento oportuno para revisar: ¿Cuál es el concepto que se tiene de los ancianos?, ¿Cómo se ha tratado y cómo se está tratando en nuestro país a los adultos mayores?, ¿Qué cambios habría que llevar a cabo?, etc.
No solo habría que mejorar las pensiones (un tema de extrema urgencia) al mismo tiempo habría que tomar medidas educativas y preventivas a más largo plazo como las siguientes:
Ayudar a los jóvenes para que elaboren un proyecto vital que incluya la ancianidad. Es decir, se les enseñe a tener un conjunto de metas, estrategias y deseos relacionados con lo que quieren hacer en distintas etapas de su vida. De este modo, las personas podrían aprovechar todos los recursos y oportunidades que la vida le concede. Lo que a su vez, les ayudaría a llegar más fácilmente a las metas establecidas para ancianidad.
Incluir dentro de la educación formal la llamada educación financiera, la cual consiste en: aprender a presupuestar, controlar los gastos, saldar las deudas de manera eficaz, ahorrar y planificar adecuadamente la jubilación. Así se podría contribuir de manera efectiva a combatir el analfabetismo financiero, que tanto daño ha hecho y hace, porque debido a ello algunos adultos mayores terminan sus últimos días en la miseria.
Resulta fundamental que la sociedad se preocupe de orientar y educar a las personas jóvenes, para que puedan vivir de la forma más satisfactoria posible la ancianidad. La cual es la última etapa de la existencia humana, en la que resulta casi imposible realizar cambios en los hábitos o en los estilos de vida.