Para
los que hemos sufrido hambre (literalmente) aunque afortunadamente no
permanente ni prolongada, indigna escuchar a los fariseos que blandiendo
sus más intensos discursos y sus más enconadas banderas al viento,
abusan y manipulan dicha vivencia, que por cierto no es del todo grata
ni menos es algo desear tener (más bien sufrir). Y lo peor, lo hacen en
nombre “de los que sufren hambre”.
Yo
la he vivido. En mi infancia, cuando la situación económica de mis
queridos, esforzados y grandes padres no andaba bien, muchas noches
esperamos la llegada del obrero, nuestro padre, para ver si llegaba con
algo para su familia integrada por 5 bocas. Nunca nos quejamos, siempre
aceptamos lo que hubiese, siempre compartimos lo poco y disfrutamos lo
mucho, y nunca dejamos de luchar por un futuro mejor, que es la
principal enseñanza que nos entregaron Sergio y Elba a sus tres hijos.
También
pasé hambre voluntaria, cuando hice huelga de hambre en apoyo a los
trabajadores de la Fenats (la de Cabrera) en 1996 en Copiapó, porque esa
lucha gremial era justa y yo era integrante de dicha Federación. Aunque
después debí pagar el alto costo de persecución política que sufrí en
el Gobierno de Frei Ruiz Tagle, en “plena democracia” y a manos de los
“paladines” de la defensa del DD.HH.
Y
tomo el tema del hambre, porque con ocasión de esta grave pandemia que
afecta a la humanidad, muchos cacarean con el hambre, sin distingos,
como que todo el pueblo (nosotros) estamos sufriendo hambre a manos de
un supuesto gobierno insensible, que ha sido (según ellos) incapaz de
tener sensibilidad frente a esos miles (millones según ellos) de
compatriotas y de inmigrantes que habitan la faz de nuestra querida
patria, que sufren efectivamente hambre. Y lo hago con respeto, con
altura de miras y con la moral suficiente y necesaria como para hablar
del tema.
Es
efectivo que tenemos compatriotas que pasan hambre y son aquellos los
de la pobreza dura, aquella que estábamos eliminando hasta que ocurrió
el Estallido Delictual, y comenzamos el grave retroceso que intensificó
la pandemia. Esa HAMBRE, así con mayúsculas, es la que duele en lo más
profundo del Alma Patria y todos queremos que el Estado FOCALICE en
dichos compatriotas, el mayor de los esfuerzos para que no la sufran y
para darles herramientas para surgir como lo hemos hecho muchos,
progresivamente, en las últimos 50 o 100 años.
También
es necesario implementar políticas públicas para los que, producto de
los dos eventos señalados, han retrocedido en sus avances (la clase
media más vulnerable), porque aquello, debiese ser transitorio y el
Gobierno debe buscar e implementar todas las medidas suficientes y
necesarias para retornarlos al estado que se encontraban previamente
mediante su propio esfuerzo y la ayuda estatal.
Pero
no es aceptable que, politiqueros de ambos sectores, intensifiquen una
marea de decisiones perjudiciales para el futuro de los habitantes
actuales y de los futuros habitantes de esta tierra querida, en nombre
del “hambre”. Muchas de las decisiones que se están tomando últimamente
con o sin respeto por la institucionalidad que nos rige, no tienen por
objetivo saciar el hambre de los miles que si la sufren.
NO
sufren hambre, los miles que abarrotan los malls y la Zona Franca, no
en búsqueda de comida, sino que en adquisiciones que nada tienen que ver
con el hambre. Esos no debiesen recibir agregado alguno, porque eso se
lo estamos pagando con nuestros impuestos y con el grave endeudamiento
que afectará a varias generaciones.
Por eso es necesario FOCALIZAR, y por eso el hambre no debe ser un discurso populista, sino un compromiso con unas soluciones.
Para
eso, necesitamos un gobierno que tenga capacidad de liderar un proceso
efectivo, oportuno y necesario, y parece, que ahí tenemos un déficit.