El municipio, el estallido y más

Siempre se dice que los alcaldes somos el primer eslabón entre la comunidad y el Estado. Que las demandas ciudadanas, tengan o no tengan que ver con la labor municipal, siempre se canalizan a través de las casas edilicias que se reparten a lo largo y ancho de nuestro territorio nacional, que nuestros trabajadores municipales son el brazo estirado de la gestión que podemos hacer o no hacer. Es cierto. Al escuchar a todos los actores políticos que han tenido parte durante este estallido social, por lejos los más conectados con la realidad son los alcaldes que claman justicia por nuestros pueblos. Sí, somos nosotros los que vemos las carencias de los jubilados por un sistema que no soporta más. Somos nosotros los que desafiamos las injusticias de la educación intentando brindarle lo más sagrado a los niños, niñas, adolescentes y jóvenes que están confiando en nuestros establecimientos. Acá están los municipios asistiendo a las familias que no les alcanza para llegar a final de mes con el miserable sueldo mínimo. Soy testigo en primera mano del cómo esta pandemia ha afectado a mis vecinas y vecinos. Desde la Municipalidad de Cabo de Hornos, hemos puesto todos nuestros talentos y recursos humanos y económicos intentando que a nadie le falte comida ni calor, que se sientan acompañados en medio de esta ola que nos ha tocado navegar. En el primer aniversario del estallido social y a días de un plebiscito que da la esperanza de tener un mejor futuro, el llamado es a tener paz y tranquilidad. A respetarnos en nuestras diferencias, en querernos como humanos y hermanos que somos. Chile se ha movilizado en todos sus rincones, somos cientos que vemos hoy una luz de poder hacer de este hermoso país, un país más justo donde vivir. Que los más ricos paguen lo que deben pagar. Que los municipios más pobres podamos tener más recursos para hacer más y mejor gestión. Yo no puedo desconocer que este modelo logró que muchas personas de este país progresaran durante los últimos 30 años. Que claramente se bajó los niveles de pobreza y analfabetismo; pero también es imposible hacerse los ciegos y tener la claridad de que este mismo modelo enriqueció hasta la vergüenza de unos pocos, hizo tener más plata a unos pocos más, hizo que una clase media, claramente endeudada, pudiese adquirir bienes y entrar a la universidad; pero también condenó a generaciones y familias completas a la pobreza absoluta con nula o casi nula posibilidad de cambiar el destino que fueron obligados a vivir. En Cabo de Hornos, al ser una isla y ser una zona realmente extrema, nuestra civilidad y la forma de desenvolvernos es distinta. Mostramos nuestro descontento con fuerza y responsabilidad, por ejemplo, sobre como querían abusar de nuestras aguas e instalarnos la industria del salmón. En Navarino cabemos todos, los de izquierda, centro y derecha. Acá nos colaboramos y convivimos de forma maravillosa los civiles y uniformados. Somos ejemplo de convivencia de todas las clases sociales, de todos los credos. Compartimos nuestro barrio, jardines y liceo, todos nuestros niños se conocen y no tienen distinción. Tengo la seguridad de que Chile no volverá a ser el mismo. Del estallido social se tiene que levantar un país más justo y amigable. Nosotros acá seguiremos exigiendo un mejor vivir, de la mano, todos juntos, porque con la unidad, Cabo de Hornos crece.

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