Pareciera ser que decir
la verdad o no ocultar a la opinión pública ciertas materias se ha
tornado una misión o tarea casi imposible, a lo menos poco frecuente en
nuestra sociedad actual, tan comunicada pero al mismo tiempo llena de
falacias, verdades a medias, mentiras y ocultamiento de lo
verdaderamente importante u sustancioso.
En
esta práctica o decidía es habitual en algunos medios de comunicación,
que pareciera ser que viven al margen de los acontecimientos, noticias y
reales frustraciones que viven sus respectivas comunidades, donde lo
medular se centra en la exaltación
y promoción de personajes, más que indagar acerca de cuál es su
desempeño y contribución al tan ansiado bien común, praxis que se
vuelve más criticable cuando se trata de ensalzar a funcionarios
públicos que engordan el ego y poco o nada hacen por cumplir el
verdadero rol, que de acuerdo a la ley deberían cumplir en su comunidad
o región.
Pero
también los ciudadanos normalmente hacen poco, incluso se puede
afirmar, que se pueden distinguir claramente dos tipos de ciudadanos, el
que consume sin más crítica y el que sabe comprender cabalmente la
realidad, tiene una visión crítica sobre la información que los medios
le entregan y logran tener una cierta imaginación sociológica, para
desentrañar, lo verdadero, lo valioso y lo importante. El periodista,
comentarista político, critico de medios y filósofo, Walter Lippmann,
se refiere precisamente a dos tipos de ciudadanos según las funciones
que representan: los informados que toman las decisiones y los
desinformados que forman parte del rebaño espectador, que nunca saben
bien lo que está pasando y que, delegan su responsabilidad ciudadana en
los primeros.
Por
eso la importancia de tener acceso a medios de información que sean
fidedignos y objetivos y no practiquen o se dejen llevar por el
ocultamiento y la falacia de generalización apresurada de dar como
noticia hechos ordinarios y normales que ni siquiera todavía han
ocurrido, dejando al margen lo que realmente ocurre en su comunidad.
Pero
a pesar de estas prácticas, es cada vez más creciente la “sospecha
ciudadana”, de cómo los medios pueden a veces manipularla verdad y
ocultar la realidad, dejando de lado el derecho de los ciudadanos a
recibir información veraz. Ante lo cual irrumpen de manera exponencial
desde la llegada de internet, la presencia de medios que disienten de
los tradicionales y propugnan una información más libre y real. Que de
alguna manera derriba el mito de los medios y de la promiscuidad entre
el poder político, judicial, económico y mediático que hacen cada vez
más difícil el periodismo riguroso, plural, comprometido, honesto e
independiente.
Se
dice que los medios de comunicación deben ser espejos que reflejan la
realidad o bien ventanas abiertas al mundo, que actúen de manera,
neutral, objetiva y rigurosa. Evitando actuar como pantallas que ocultan
la realidad y proyectan otra, quizás a veces actuando de acuerdo a
códigos o intereses personales, que ni siquiera los propios medios son
capaces de descifrar o descubrir.
Aveces es difícil lograr en la realidad la frase tan extendida de, “así es como ha ocurrido, así se lo contamos”.