La
palabra niño proviene del latín “infans” que significa “el que no
habla”, definición que inquieta por todo el conocimiento que han
generado los distintos estudios multidisciplinarios sobre la infancia.
A
treinta años de la adhesión de Chile a la Convección de los Derechos
del Niño de la ONU, que garantiza la promoción y protección de las
personas menores de 18 años, es necesario seguir fortaleciendo el
reconocimiento de los niños, niñas y adolescentes como sujetos de
derecho, y no como “objetos” de protección, incapaces de tener
injerencia.
Producto
del confinamiento que ha provocado la pandemia, los niños y niñas se
exponen a un mayor riesgo de sufrir daños, provocados desde la violencia
intrafamiliar, hasta el propio estrés que ha generado en ellos el
cierre de los establecimientos educacionales y la no socialización, en
persona, con sus pares.
Es
por ello que los cuidadores, educadores y medios de comunicación deben
velar para que ellos puedan manifestar sus ideas, necesidades e
inquietudes, pese a que este rol recae principalmente en los padres y
madres.
Por
eso, nuestro desafío es acercarnos aún más y no dar por hecho lo que
ellos requieren o necesitan. Debemos reforzar la comunicación y
explicar, de acuerdo a cada edad, sus dudas, teniendo conciencia de no
transmitir nuestras propias inquietudes, ya que los niños, niñas y
adolescentes no podrán resolver nuestros problemas.
El
subsistema de protección integral a la infancia “Chile Crece Contigo”,
perteneciente al Ministerio de Desarrollo Social y Familia, ha
desarrollado una serie de iniciativas comunicacionales orientadas tanto
para los niños/niñas como para los adultos. Uno de los productos que
quiero destacar son las “Fichas para trabajo con Niños, Niñas y sus
Familias en situaciones de emergencia”, un set de 12 cartillas con
mensajes dirigidos hacia los padres y cuidadores, con ideas sencillas
para realizar en familia.
Este
material se puede descargar en https://bit.ly/3hQFO0C, donde se podrán
encontrar láminas didácticas sobre consejos para abordar la intolerancia
a la lejanía de los padres, conductas de negación a la comida, mayores
demandas, pérdida de algunas habilidades aprendidas, prácticas de juegos
violentos, y otras situaciones que origina el miedo y la incertidumbre.
Sabemos
que estar con niños/niñas en casa puede ser desafiante, pero no nos
sintamos presionados ni culpables. Si “nadie nos enseñó a ser padres”,
como dice el antiguo dicho, “nadie nos enseñó a ser padres y madres en
tiempos de pandemia”.