El último bastión: defender la libertad

He
compartido en esta columna mis pensamientos políticos, económicos y
sociales básicos, por los cuales he transitado toda mi vida por la
denominada derecha política. Por aquella que es consecuente, sin falsos
adjetivos oportunistas que intentan levantar algunos que hacen del
populismo su más frecuente actuar, o que a la primera crujidera reniegan
de sus principios y valores. Soy de esa derecha que en definitiva
defiende la LIBERTAD, como algo fundamental frente a la falsa igualdad
que pretenden vender los de la izquierda, especialmente la marxista en
sus diferentes vertientes.

La
libertad de culto, aquella que nos permite tener y a la vez respetar
diferentes credos según sea la propia convicción de cada ser humano,
incluida la opción de no creer.

Libertad
de educar, permitiendo el libre desarrollo de nuestros hijos, evitando
sean sometidos a adoctrinamientos desde la cuna como acostumbran
realizar los regímenes totalitarios marxistas. Esa libertad que hace que
nuestros hijos en todo el proceso educacional desde el inicial hasta el
terciario puedan acceder a todas las verdades, no solo a la verdad del
“adoctrinador” de turno y que el proceso educativo se oriente a forjar
las mejores generaciones del mañana.

Libertad
de emprender, independiente del área e independiente del monto que
arriesgas. Libertad para que si haces las cosas bien y respetas las
normas, puedas crecer cada día sin más límite que la ley y la capacidad
que tengas de avanzar.

Libertad
de ser dueño de tu patrimonio y de tus bienes, que los obtuviste con
esfuerzo y respetando las normas. Que tener tu casa propia, tu vehículo y
tus bienes que con esfuerzo conseguiste no te sea prohibido por el
estatismo asfixiante.

Libertad
de poder elegir a quienes te representen en los órganos del Poder
Ejecutivo y Legislativo, en forma periódica y dentro de un Estado
democrático.

Libertad de expresar tus ideas y pensamientos en las instancias que lo desees y ser respetado tu derecho a pensarlos y a decirlos, sin temor alguno.

Libertad
para que actúe un sistema judicial que sea imparcial y que sea justo y
no actúe con prevaricación, sino que solo aplicando la ley en el marco
de un genuino Estado de Derecho y a todos por igual, y que no sea servil
al totalitarismo como acostumbran en los regímenes de izquierda dura.

Libertad
para que existan órganos independientes que administren el Estado y que
se respeten mutuamente en sus facultades, en sus derechos y en sus
deberes, dando sólidos cimientos a un sistema democrático participativo y
verdadero, en el cual los servidores públicos sirven al bien común y no
se sirven del poder para sus propios intereses.

Libertad
para que exista un sistema económico estable, con reglas iguales para
todos, que respete la libertad de las personas y de las instituciones y
que sancione severamente a quienes abusan y engañan la fe pública
generando así las condiciones para el malestar social.

Libertad
para respirar, para soñar, para crecer, para amar, para ser amado y
para ser. Esa LIBERTAD es la que nos hace libres y nos libera de la
esclavitud de los dogmas y de las falsas utopías, que solo han servido
para destruir las esperanzas y la vida de millones de personas en el
mundo entero.

Y
cuando pensaba y escribía estas líneas, comenzaba a derramarse por toda
Hispanoamérica la gran noticia, la hermosa buena nueva del gran triunfo
de la LIBERTAD en Madrid. Esa libertad pregonada a todos los vientos
por una gran mujer, por una gran heroína del siglo XXI, por ISABEL DÍAZ
AYUSO, que en aras y en nombre de la libertad ha logrado un triunfo
arrollador en España.

Es momento de que esos aires
de libertad también lleguen a nuestra querida Patria. Para ello debemos
abandonar las poltronas y la comodidad, buscando la unidad hasta que
duela. La libertad se gana, se defiende y se logra día a día. Para
aquello, todos somos necesarios.

Vamos por la LIBERTAD.

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