El último suspiro

La
reciente cuenta pública del Presidente Sebastián Piñera tuvo más bien
un gusto a despedida. Cuidadoso en el tono, intentando recuperar el
ethos de unidad que marcó el comienzo de su segundo mandato. Con
muestras cansancio y desgaste evidente, acompañado de su más reciente
nuevo gabinete, el Jefe de Estado esbozó algunos de los principales
desafíos que marcarán la hoja de ruta para los meses de gobierno que
restan y que tendrán especial énfasis en la recuperación económica, la
generación de fuentes laborales y, qué duda cabe, el manejo de la
pandemia. Por cierto, incluye también la realización del plebiscito
reprogramado para el próximo 25 de octubre.

Pareciera
que el exordio de Piñera, en el Congreso Nacional, fue más bien un
desahogo pauteado por estrictos 93 minutos. Aplausos mesurados, sin
detractores y uno que otro caceroleo marcaron una jornada que, en redes
sociales, tuvo a los partidarios del gobierno publicando fotos con
mensajes positivos mientras veían la cuenta del mandatario. En tanto,
desde los opositores, las críticas no tardaron en llegar fustigando, por
ejemplo, la omisión a lo ocurrido tras el estallido social del 18 de
octubre 2019. La sobriedad, como pocas veces, se hizo presente en la
política nacional y casi se convirtió en una acción más “por cumplir”
que un interés real por intentar recuperar el timón y liderazgo de
la
coalición. De hecho, el reciente ajuste ministerial evidencia que a
Piñera no le quedó más que recurrir a los denominados “duros”, aquellos
políticos duchos y con trayectoria que llegaron al gabinete para poner
su impronta no necesariamente al servicio del Presidente, pero sí al
menos intentar darle algo de dignidad a una coalición extraviada y que
más bien pareciera contar los meses, días y horas que este suplicio
(gobernar) concluya lo antes posible.

El
próximo año será el todo o nada. Con un calendario electoral de alta
intensidad tanto el oficialismo como la oposición se jugarán sus cartas,
pero quienes tendrá el mayor peso sobre sus hombros serán los
militantes y adherentes de Chile Vamos donde se encontrarán con un
escenario donde el “apruebo” se habrá impuesto al “rechazo” en cuanto a
elaborar una nueva Constitución (dicho sea: aquí lo único que importa es
que el resultado no sea una paliza de proporciones para el sector
contrario a una renovada carta fundamental) y la disputa estará marcada
por la elección de los/las Constituyentes. En paralelo tendrán que
luchar por internar mantener el orden público y social ante posibles
manifestaciones sociales que nos remontarán a lo ocurrido el año pasado.
Y por si fuera poco la centroderecha no goza de un alto prestigio o
liderazgo encumbrado en las encuestas el cual les permita disputar
elecciones de forma competitiva. De hecho, ni siquiera los ediles
incumbentes de este sector, que aspiren a ser reelectos, tienen
asegurado sus cargos. Ni qué decir en el caso de la renovación de la
plantilla de Congresistas tanto en la Cámara como en el Senado. Por
cierto, no es que la oposición tenga un camino más pavimentado, pero eso
sí: con el desastre y paupérrimo desempeño que ha tenido la segunda
administración de la centroderecha, y con las expectativas que había en
torno a éstos, lo único veraz es que la ciudadanía no vea en muchos años
más un nuevo mandatario de Derecha.

Lo que estamos presenciando es un escenario de alta incerteza, volatilidad
y liquidez. Uno en el cual hasta un flan tiene más consistencia que el
contexto político, social, económico e incluso cultural. Nadie sabe que
va a pasar en los próximos meses y años en este país, todo es nebuloso y
la polarización se acrecienta día a día. Puede que esto no haya sido la
intención de Piñera en cuanto a su “legado” o el “cómo será recordado”.
Es difícil saber, o intuir, en qué está pensando Piñera y su denominado
“círculo de hierro”. Probablemente el cansancio y el hastío les han
pasado la cuenta y ni en sus peores sueños estaban preparados para
asumir y encabezar esta pesadilla. Probablemente crean que se trata sólo
de un mal sueño del cual despertarán en algún minuto mientras, en el
mundo real, las chilenas y chilenos seremos testigos del último aliento,
de un último suspiro que bien pudiera ser de resignación más que de
alivio. Sólo el tiempo lo dirá.

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