Empatía y solidaridad a toda prueba

Desde
el comienzo de la emergencia sanitaria por la llegada del coronavirus a
nuestro país hemos experimentado los más diversos sentimientos frente a
una situación que observábamos al principio desde lejos pero que
rápidamente fue mostrando su peligroso alcance muy de cerca,
peligrosamente cerca.

Así
fue como pasamos de la sorpresa a la acción de adoptar todas las
medidas necesarias para lograr frenar su avance adoptando todas las
medidas y resguardos necesarios.

En
el camino, fuimos conociendo sus efectos y el daño que empezaba a
ocasionar en la salud de las personas contagiadas y en el estado
emocional de sus familias y cercanos.

El
sufrimiento de la pandemia encontró en los hogares más vulnerables una
nueva forma de afectar las comunidades. Así, el dolor por los pacientes
se convirtió en otra pena para los más necesitados.

El
fortalecimiento de la Red de Protección Social impulsada por el
Gobierno logró llevar su mano a millones de chilenos y chilenas que la
estaban pasando muy mal, y aunque las necesidades siempre son mayores
que los recursos, se siguen haciendo grandes esfuerzos por brindar un
poco más de alivio allí donde se está sufriendo la otra pandemia.

Frente
a esta realidad, la inmensa mayoría de los magallánicos y magallánicas
eligió extender sus brazos y ponerse a disposición de sus vecinos y
vecinas a través de los más diversos recursos de solidaridad que tenían a
su alcance.

Afortunadamente, podemos hablar de la gran mayoría de
las personas y no de la minoría que encuentra en el infortunio o la
desdicha, el espacio perfecto para la obtención de algún tipo de ventaja
o beneficio personal.

Anteponer
el egoísmo o los intereses individuales, particularmente en el momento
que estamos atravesando, es cuestionable y debe invitarnos a realizar
una profunda reflexió
n.

Campañas
en conjunto con instituciones, el sector privado, ciudadanos
autoconvocados y organizaciones de la sociedad civil, fueron la muestra
en hechos de los que entendieron que la salida a la crisis estaba en la
colaboración y la solidaridad, es decir, poniéndose en el lugar del otro
y practicando la empatía que no es otra cosa que, y siguiendo a la RAE,
“identificarse con alguien y compartir sus sentimientos”.

Con
esperanza podemos ver que esas acciones, superan cualquier otra
intención. Porque finalmente, la necesidad de las personas no tiene
colores políticos o corrientes ideológicas, más bien espera del prójimo
la solidaridad y la empatía.

La
mayoría de las veces pensamos y decimos que es en los peores momentos
de la vida cuando sale a relucir la verdadera esencia de las personas,
lo mejor y otras tantas lo peor. Sin embargo, ha sido la propia gente la
que nos ha demostrado que podemos elegir bien y ponernos del lado de
quienes persiguen ayudar sin esperar nada a cambio.

Para
algunos lo anterior puede llegar a ser parte de expresiones comunes,
sin embargo y, muy por el contrario, estos conceptos cobran hoy más
sentido que nunca y forman parte de una construcción histórica en la
vida de cada sujeto y de las sociedades donde se ponen en valor,
cultivan y fomentan.

Es
el actual momento que estamos transitando tal vez, el oportuno para
volver a dotar de sentido a la generosidad, la empatía o la solidaridad
entre otros, y comenzar a erigir un nuevo acuerdo de convivencia donde
podamos poner por sobre cualquier otro interés particular, el bien común
y lograr al final del día, ponernos en el lugar del otro,
identificarnos y compartir sus sentimientos.

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