Un
sector político claramente reconocible, hace suya de manera exclusiva y
excluyente la defensa de los trabajadores. Es tal su entusiasmo, que
plantean que éstos lleguen al poder, tomen las riendas del país para
reivindicar las injusticias sufridas, en su particular punto de vista.
Es posible reconocer acá un modo de interpretación de la realidad que es
la Lucha de Clases: los ricos contra los pobres; los explotados contra
los explotadores; los buenos contra los malos. Para lograr una supuesta
mejoría en las condiciones de los trabajadores, ejecutan normas y
políticas sabidamente fracasadas (la historia lo corrobora), pero que al
decirlas
en engolados discursos, suenan bonito. Así, para este sector político,
debe existir muchas leyes que defiendan a los trabajadores, dificultando
el despedido en las causales o en términos económicos; aumentar
progresivamente la cantidad de derechos que puedan reclamar, abultando
el Código del Trabajo; impedirla libre asociación de los empleados;
mayores remuneraciones con menos horas de trabajo, etc.
El
resultado de esa visión, salta a la vista: aumento de la cesantía,
bajos sueldos, progresiva automatización para reemplazar mano de obra,
pobreza, etc. Pero es sabido también que dicho sector político es
impermeable a la realidad, a los datos, a la razón en definitiva. Su
ideología marxista de base les impide ver que en los países donde se
gobierna en nombre de los trabajadores y se implementan sus políticas
económicas y laborales, el precio pagado es demasiado alto: la ruina
inmediata o progresiva de los países. Pero claro, cuando inevitablemente
fracasan, recurren a otros para responsabilizarlos del desastre que
dejaron: los empresarios, la derecha, los poderes fácticos, la
Iglesia, un complot internacional, el Imperialismo, el neoliberalismo,
el capitalismo, las transnacionales, y un largo y creativo etcétera.
Sin
embargo, la realidades otra. El mejor derecho laboral que se puede
otorgar y reconocer es algo tan simple como que tengan trabajo y una
remuneración para llevar comida a sus hijos: Un desempleado
no tiene derechos laborales. Y es en un ambiente de libertad económica,
de creación de riqueza y reconocimiento a la propiedad privada, donde
se protege verdaderamente a los trabajadores. No se saca nada con tener
miles de normas de protección, si un amplio espectro de personas está en
la cesantía, sobreviviendo a costa de ayudas del fisco. No es el Estado
el que provee de puestos de trabajo productivos para la nación, que
satisfagan necesidades humanas, como alimentación, vestuario, diversión u
otros, sino la empresa privada que atenta a los requerimientos de la
población, otorga bienes y servicios que aumentan su calidad de vida.
Mientras más emprendimientos privados existan, mayores oportunidades de
puestos de trabajo y aumento
de remuneraciones existirán, pues si una persona sufre la desventura
del desempleo, habrá muchas otras empresas en donde se podrá colocar con
relativa facilidad. En los países en donde la libertad económica es
valorada, se puede apreciar progreso y bienestar, pero en donde se le
restringe, se comprueba un deterioro progresivo de la calidad de vida de
los habitantes. Por eso la mejor defensa de los trabajadores es la
libertad de emprendimiento, que permite un flujo creativo de intercambio
de bienes y servicios, y muchos puestos de trabajo. Empero, la libertad
exige responsabilidad, lo que se tratará en otras líneas.