En eliminatorias

Salvo que medie un entusiasmo de última hora, propio de nuestra idiosincrasia, poco dada a la planificación y al pensamiento estructurado, el plebiscito de la próxima semana parece haber perdido en intensidad y capacidad de convocatoria, genera menos entusiasmo que un partido de la roja sin público, un evento al que hay que ver a distancia, ojalá por la TV y sin complicaciones.  La escasa publicidad, el escaso rol de los partidos políticos que casi con pudor se han apartado del proceso y parecen más entregados a resolver sus antiguas controversias sobre candidaturas futuras y su rol en el Congreso, cualquiera sea su composición.
El plebiscito, que es probablemente el evento de mayor trascendencia política en el presente siglo y que puede determinar nuestra futura estructura institucional, con una nueva Constitución, está perdiendo terreno frente a la contingencia y las urgencias que impone la pandemia, pero también parece ser, que a los partidos políticos les acomoda un estado de cosas en que ojalá no exista deliberación.   Así planteadas las cosas, es una amenaza la falta de participación ciudadana, no sólo porque pueda afectar el resultado probable, cualquiera éste sea, sino porque de alguna forma sus consecuencias estarán presente en el futuro de Chile.
El debate y la convocatoria a través de internet, salvo el entusiasmo que genera entre lo más motivados y que tienen acceso a la red, no suple la participación  necesaria, masiva y entusiasta de la población, porque  por el plebiscito se somete a votación popular una ley o un asunto de especial importancia para el Estado, en este caso la ley de leyes, no es una simple consulta ciudadana sobre candidatos más o menos.
En esta oportunidad y en las circunstancias que nos toca vivir, el pueblo de Chile, se medirá no por el resultado sino que por su genuina vocación democrática y voluntad de cambio, es de esperar que a diferencia de lo que ocurre en el fútbol pasemos de la etapa de eliminatorias, porque a diferencia de lo que ocurre en los deportes, esta vez, el éxito no puede consistir en ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo, sino que el plebiscito será un éxito en la medida en que culmine con una institucionalidad sólida, que convoque  y represente a los chilenos, que sea capaz de romper los nudos ideológicos  que dividen y concluya con una Constitución legitimada, no sólo exigible sino que reconocida.
La falta de legitimidad de nuestro ordenamiento constitucional ha sido un impedimento permanente para nuestro desarrollo político, pues ésta constituye un  requisito fundamental para la acción política, la falta de ésta conlleva la imposibilidad de que exista un pronunciamiento válido sobre el fondo de las cuestiones de mayor relevancia que interesan a los ciudadanos, que entienden que al no existir coincidencias fundamentales básicas sobre sus instituciones y derechos, la cancha siempre ha estado marcada, y el arbitraje en la resolución de sus conflictos no es justo.
Definitivamente, el país necesitaba el VAR, de un mecanismo asistente que resuelva los conflictos que ha generado una  Constitución, permanentemente cuestionada, falta de credibilidad, que un importante sector de la población considera amañada y tramposa, veremos si el plebiscito cumple ese rol y tiene la capacidad de apaciguar los ánimos, generando las confianzas necesarias que permitan nuestro desarrollo institucional y no sigamos en la etapa de eliminatorias y cuestionamiento a nuestras instituciones fundamentales.

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