La exsenadora por Antofagasta, hija y hermana
de ex Presidentes de la República, es parte de una familia ligada desde
sus orígenes a la Democracia Cristiana (DC), partido que la pasó al
Tribunal de Disciplina de la colectividad y la castigó por defender con
“demasiada” vehemencia y pasión su temprana convicción de que su padre,
el ex Presidente Eduardo Frei Montalva, había sido asesinado y no que
había muerto producto de una casualidad médica, que a juzgar por las
evidencias que ha acumulado el ministro en visita Alejandro Madrid, no
hacen sino darle toda la razón.
Desde
esa perspectiva, Carmen Frei ha sufrido en carne propia los avatares de
tiempos convulsionados y muchas veces carentes de principios claros
respecto del valor de la política y sus fines.
De
paso por Punta Arenas, la hoy vicepresidenta nacional de la DC
participó en un seminario taller de estrategias comunicacionales para
mujeres líderes, quienes el último tiempo “han estado un poco
calladitas”, dijo.
En
una entrevista en el programa Barómetro de Pingüino Multimedia, Frei no
dudó en afirmar que “los políticos nos hemos desprestigiado usando mal
el poder”.
– ¿Y abusando de él?
“Seguramente.
Yo soy de otra escuela y no me gusta hablar de los políticos, porque
creo que la política es un gran trabajo cuando se hace con el espíritu
de servir a la gente, de escuchar y después actuar usando el poder, en
el buen sentido de la palabra, como lo hizo mi padre”.
– ¿Por qué se ha abusado de la política?
“Porque
la gente cree que lo más importante en este mundo de hoy es tener
poder, influencia, hacer negocios y con eso la política se desprestigia,
porque los negocios nunca han ido bien con la política. El que usa el
poder para enriquecerse le hace un daño enorme al país. Durante la época
de la dictadura de Pinochet se creó un individualismo, la gente por
miedo se acostumbró a valerse por sí misma, ni siquiera conoce a sus
vecinos y no participa. Ahí nos pusimos egoístas, cada uno lucha por lo
suyo y eso da pena”.
–
No obstante, mirando el vaso medio lleno, Chile es ejemplo en
Latinoamérica las últimas décadas y posee una democracia que ha sido
destacada en el mundo.
“Sí, pero todavía hay demasiados enclaves de los años malos y eso nos impide una democracia
plena. Me refiero especialmente a lo que es verdad justicia en los
casos de derechos humanos y para ello, por ejemplo, está lo que yo he
vivido en este último tiempo, cuando hay seis personas procesadas por la
muerte de mi padre que apelan al Tribunal Constitucional para retardar
los procesos e impedir que se llegue al final. Otro ejemplo, no es
posible que todavía tengamos leyes como la reservada del cobre”.
– Tras la muerte del ex Presidente Frei, ¿su familia sintió que se empezaba a escribir otra etapa de la historia de Chile?
“Yo
creo que sí, lo sentimos. Además que mi papá, en los últimos años de su
vida, fue muy activo en política, estaba buscando con dirigentes
sindicales, Tucapel Jiménez, por ejemplo, una salida pacífica y la
vuelta a la democracia. Llamaron a una asamblea constituyente… había que
eliminarlos, porque eran un peligro. A mi papá lo asesinaron en enero y
a Tucapel a mediados de febrero. Además, por todos los procesos
judiciales, está comprobado que había que eliminar a los que pensaban
distinto. En los restos de mi papá hay talio y gas mostaza, con detalles
tan macabros que ha costado mucho saber la verdad, porque hay un pacto
de silencio firmado por muchos generales en los tiempos de la
democracia, es decir, ahora”.
–
¿Por qué durante la década de los noventa, incluso cuando aún estaba
vivo el general Pinochet, no se pidió aclarar estas cosas?
“Yo
pedí aclarar muchas cosas enviando una gran cantidad de oficios y
peticiones al Ejército, para que dijeran la verdad. Hasta el día de hoy
no quieren colaborar y señalan que quemaron todos los papeles”.
-Su hermano fue Presidente de la República, ¿por qué ahí no se hicieron gestiones del más alto nivel?
“Se hicieron, pero…”.
– ¿Incomodaba la presencia de Pinochet?
“Sí,
incomodaba. A mí me tocó estar en el Senado los años que él fue senador
designado y era muy terrible. Había ocho personas designadas en el
Senado, que representaban a la derecha, incluso algunas de ellas a la
derecha extrema”.
– ¿Qué se conversaba en su familia de la muerte de su padre durante esos años?
“Lo
que pasa es que yo también entiendo a Eduardo (Frei Ruiz-Tagle, su
hermano), en el sentido que era muy respetuoso de ser Presidente de la
República y no quería que hubiera un manto de duda sobre su gobierno o
lo acusaran de estar haciendo cosas
especiales para su padre, cuando había tantos casos de derechos humanos
que hasta el día de hoy no se han podido esclarecer. Aun así, igual
pudimos acceder a datos muy concretos”.
– ¿Para la Democracia Cristiana era una piedra en el zapato que ustedes buscaran aclarar la muerte de su padre?
“Es que nadie lo creía”.
– ¿Qué decía Patricio Aylwin al respecto?
“Es
que había temor, estábamos retornando a la democracia, recuerde que
Pinochet en dos oportunidades llegó a La Moneda vestido con tenida de
guerra. Había mucha incertidumbre.
Además, que yo dijera estas cosas, era como decir ‘es imposible’,
porque todavía había gente que creía que no había tanta maldad. Pero ahí
están los hechos”.
– ¿Eso la motivó a escribir el libro sobre el asesinato de su padre?
“Siempre
en los países hay ciclos y yo no quiero ni pensar que alguna vez
volvamos a caer en un totalitarismo, con personas que se creen mesías y
salvadores de la República”.
-El mes pasado se cumplieron 45 años del 11 de septiembre de 1973. ¿Hemos aprendido la lección los chilenos?
“Sí
la aprendimos en los primeros años del retorno a la democracia y en los
previos, cuando pudimos volver a conversar. Tuvimos muchas diferencias,
en la Democracia Cristiana fuimos muy opositores al gobierno del Presidente
Salvador Allende, pero no por eso justificamos que hubiera un golpe y
que lo mataran. Mi papá y el Presidente Allende eran amigos y se
distanciaron porque pensábamos distinto.
Ese fue el gran error, nos
perdimos la confianza, creernos, conversar, entonces todos pasamos a ser
enemigos de todos. Por eso nadie quisiera volver a vivir ese horror y
yo tengo la obligación de contar la historia como fue, para que nunca
más volvamos a mirarnos con resentimiento”.
– A 30 años del 5 de octubre de 1988, cuando muchos partidos que pensaban muy distinto lograron ponerse de acuerdo, ¿qué le pasó a la Concertación?
“Nos
pudimos poner de acuerdo porque teníamos un bien superior, que era
reconstruir nuestro país. Y después, en los últimos años, hemos ido
desprestigiando la política y el quehacer público. Nos hemos olvidado de
oír a la gente”.
–
Desde su experiencia, ¿es posible salir de la crisis en que se sumió la
Democracia Cristiana luego de su derrota presidencial y parlamentaria?
“Es absolutamente posible salir, volviendo a los valores verdaderos, escuchando, viendo la realidad del país. Por eso siento que ahora hay gente joven en el Parlamento que está produciendo ese cambio”.
@J.Benítez/J.I.Ortiz