En la mitad del camino

Algún
historiador del futuro podrá decir que, durante este período pandémico,
con el dominio de un virus aún por sobre la capacidad humana para
enfrentarlo, vivimos permanentemente en la “mitad del camino”. Estar en
esa posición nos daba la supuesta ventaja de tener una idea acerca de
dónde y cuándo comenzó esta trágica y dolorosa realidad. Pero no
necesariamente haber tenido una idea que nos permitiese augurar el fin
de la tragedia, vale decir, permanecimos viviendo en y con la
incertidumbre. Es la realidad que estamos experimentando hoy día y que
tiene el agregado de no haber sido nunca antes vivenciada, al menos en
persona. En esta “mitad del camino” vivimos en un reino invadido por
falta de seguridad, de confianza y certeza acerca del futuro de todo lo
que hemos creado, organizado y conquistado alrededor nuestro. Quizás
esto contribuye a explicar nuestros intentos por excluirnos de la
realidad que enfrentamos como colectivo humano y como personas, ante las
consecuencias de la intromisión de un ínfimo virus en una globalizada y
liquida manera de buscar el desarrollo y la consecuente “felicidad”.
¿Cómo se resolverá esta ecuación social? Desde esta mitad del camino
solo es posible visualizar conjeturas y modelos predictivos y quizás la
única certeza es que, sea donde esté el final del camino, la Tierra
continuará con su movimiento y los ciclos naturales continuarán
manifestándose. Instalados en esta mitad incierta, cabe destacar la
reflexión del Gran Maestro de la Gran Logia de Chile, quien señala que
“Nuestras opciones están en reconocer la autoridad del Estado y
subordinar otros intereses, para cuando se supere esta enorme crisis. Se
puede tener discrepancias sobre las decisiones, pero esas decisiones se
deben ejecutar y las debemos acatar. Esto no se resuelve con
mesianismos, populismos o demagogia. Se resuelve con trabajo, ciencia,
disciplina y ética cívica. En la sociedad en que estamos, se ha hecho
habitual agredir, ofender, descalificar. Lo hacen los líderes de
opinión, y lo hacen personas con fanatismo y odiosidad en las redes
sociales. La clave reside en declinar todo individualismo, el egoísmo,
el protagonismo vacío. El modo se encuentra en fortalecer las virtudes
cívicas. Toda estrategia descansa en equipos que deben responder a un
liderazgo que, nos guste o no nos guste, es necesario”.

Hace
unos 100 años atrás y quizás en otra histórica “mitad de camino”, J.P.
Sartre señaló que la “Felicidad no es hacer lo que uno quiere sino
querer lo que uno hace”. J. Martínez diría hace poco, en 2013, que “En
momentos donde uno hace aquello que no le queda más remedio, en
situaciones donde uno se aferra a lo que tiene, más a modo de defensa
que como resultado del libre albedrío, en estos tiempos que nos ha
tocado vivir cuando el desánimo, la amargura y la falta de alegría es un
todo, querer lo que uno hace es la única tabla de salvación que está
junto a nuestras manos. Querer todo lo que hago, desear hacerlo, buscar
la excelencia en cada detalle de una obligación impuesta o no, disfrutar
hasta límites insospechados por tener la fortuna de seguir haciendo,
trasladar a todo el entorno la felicidad por seguir haciendo, por
continuar teniendo, por obtener lo que yo me gano”.

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