Escuchar, dialogar y consensuar: poniendo a Chile en marcha

Año 1990 y Chile recuperaba su democracia. El entonces Presidente de la República, Patricio Aylwin, tenía la compleja y ardua tarea de recuperar el ethos de la unidad, de ser comunidad, tras una profunda polarización de nuestra nación. Al término de su mandato, tanto a nivel nacional como internacional, su gobierno fue reconocido por el éxito de la transición democrática. Al analizar su legado algunas de las claves, del entonces Presidente, fueron: escuchar a todos los actores, priorizar la urgencia del diálogo y buscar acuerdos – consensos.
El inicio del segundo mandato del Presidente Piñera tuvo, precisamente, ese ethos. Sin embargo, las circunstancias fueron modificando la agenda política la cual se tradujo en una incipiente polarización que terminó por manifestarse, de forma explícita, tras el estallido del 18 de octubre de 2019. Lo anterior, qué duda cabe, refrendado en las opciones de “Apruebo” vs “Rechazo”, en la consulta que se realizará durante el mes de octubre del presente año, y que marcaran el inicio de una intensa agenda electoral que viviremos el próximo año.
Pareciera que esta polarización, con el consiguiente fortalecimiento de los extremos, ha dejado en evidencia un espacio de orfandad en el denominado espectro del centro político. Este último, dicho sea, es un nicho necesario no sólo desde lo político sino también desde lo humano, desde lo social e incluso cultural siendo un lugar desde el cual construir y hacer comunidad.
Ciertamente una de las grandes riquezas de nuestra región, y de nuestro país, es su diversidad: el espacio donde confluyen y convergen todas y todos, inherente a sus credos, opciones políticas, realidades económicas, entre otros. Esa diversidad, que se expresa y grafica a lo largo y ancho de nuestro territorio, ha sido uno de los principales puntales para lograr nuestra libertad y desarrollo. Sin embargo, en este contexto donde los extremos se acrecientan, quedan en el baúl de los recuerdos preceptos tales como tolerancia, sentido común y el de poner a las personas en el centro de nuestra acción. Estamos viviendo tiempos donde, y aquí una mención para aquellos fanáticos de la saga de Star Wars, pareciera que el ideario Sith estuviera instalado: “o piensas como yo, y estás conmigo, o eres mi enemigo”. Ese fundamentalismo, esa incapacidad de escuchar al otro, de buscar invalidar sus argumentos – razones o motivaciones, por el sólo hecho de pensar distinto, hacen imposible la búsqueda de consensos muy necesarios para responder a las urgencias de la ciudadanía. Esta última, por cierto, observa atónita como el debate político se encapsula en las elites y olvida a quienes los pusieron ahí, a quienes depositaron su confianza en ellos, dando paso a emociones tales como postergación, frustración e indefensión. Lo anterior acrecentado más aún en el contexto generado por la pandemia del coronavirus.
En este escenario de incertezas bien vale trabajar, consensuada y colaborativamente, en recuperar la unidad. Cuando nuestra región y el país se unen, tanto Magallanes como Chile se hacen más fuertes y sacan lo mejor de cada uno. Pero para que esto suceda lo primero que tiene que haber es tanto voluntad como humildad: voluntad para buscar acuerdos y humildad para realzar nuestros éxitos, pero también aprender y sacar lecciones de nuestras equivocaciones. Si en verdad lo que queremos es volver a poner a Chile en marcha debemos dejar a un lado las conductas viscerales e impetuosas, las cuales no deben tener ni cabida ni espacio. Si queremos que las personas vuelvan a confiar en sus autoridades éstas deben salir de sus burbujas y poner los pies en los territorios, escuchar a todos los actores, organizaciones sociales, gremios y sectores productivos, fuerzas vivas. Debemos perder el temor a la crítica y, con sentido de valentía, anteponer los intereses colectivos por sobre nuestras motivaciones individuales. Actuar con generosidad y también, por cierto, con sentido de urgencia para aprender a priorizar. En la práctica, y aprendiendo de nuestra historia, si queremos levantar a Magallanes, y a Chile, debemos recuperar el sentido y significado de vivir en comunidad.

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