En
medio de los insultos que a diestra y siniestra repartió la dirigenta
Dora Ojeda la tarde del miércoles, hubo un aspecto que le enrostró una y
otra vez a los consejeros regionales: “Ustedes pueden aquí votar muy
cómodamente, mientras nosotros no sabemos ni siquiera si vamos a tener
algo que darle de comer a nuestros hijos en Navidad”.
Y
es que, más allá de los cuestionamientos de todo tipo que han
enfrentado los proyectos FRIL y más allá de las razones muy concretas
por las cuales los consejeros regionales se declararon “en rebeldía”, lo
cierto es que detrás de este duelo entre la Intendencia y el Consejo
Regional, se dibujaban las esperanzas y la desesperación de cientos de
familias que contaban con esta aprobación para tener un trabajo en
Navidad. Y estos eran solo dos de los 14 proyectos que estaban
pendientes.
Tan sensible como esto eran los proyectos pendientes para el
equipamiento del hospital de Punta Arenas, la toma de muestras de
biopsias para el tratamiento del cáncer, la difusión turística de
Magallanes e incluso la ampliación del canal Kirke, cuya necesidad quedó
en evidencia cuando un crucero francés resultó averiado mientras se
dirigía a Puerto Natales.
Antecedentes
Pero
las razones que iniciaron una de las peores tormentas políticas de
Magallanes en los últimos años, eran bien conocidas y era cosa de tiempo
que esta se desatara. No solo la oposición tenía mayoría en el Consejo,
sino además había disconformidad en algunos sectores del oficialismo
por las medidas adoptadas, sobre todo la bajada de proyectos
emblemáticos como el Centro Antártico, la dársena o el estadio techado.
De
hecho, las visitas de las autoridades de Gobierno solo empeoraron las
cosas. Particularmente nefasta en términos políticos, fue la visita de
la ministra del Deporte, Pauline Kantor, a Punta Arenas. Aquí, anunció
la construcción de una nueva “arena” para la ciudad, descartando la
construcción del emblemático estadio techado, un proyecto sobre el cual
existía un convenio de programación ya firmado con el Consejo Regional
para contribuir a su financiamiento. Peor aún, en el mismo salón Nelda
Panicucci, donde sesionan los consejeros, la ministra se reunió con un
grupo de deportistas locales, sin siquiera agendar una reunión con los
integrantes del Consejo Regional.
Semanas
después, la visita del Presidente Piñera, quien anunció un Plan
Magallanes que no había sido consensuado, fue la gota que colmó el vaso y
la paciencia de los consejeros.
Y
el fuego vino de las propias filas oficialistas. “El Plan Magallanes es
solo un listado de obras, no una propuesta de desarrollo”, indicó el
vicepresidente de la Cámara Chilena de la Construcción, Nelson
Martínez, tras una extensa reunión con la intendenta.
“Es
una locura. Punta Arenas necesita un puerto que dé abrigo, que dé carga
y quieren gastarse $28 mil millones en mejorar un cruce de calles”,
declaró el presidente de la Confederación de la Producción y el
Comercio, CPC, Alejandro Kusanovic.
Desde
la oposición, el presidente del Consejo Regional, Tolentino Soto,
declaraba: “No queremos ser solo un gato chino que levante la mano, sino
más bien ser parte en la construcción de estas propuestas”.
Todo
ello estalló en la sesión del 12 de noviembre, cuando el Consejo
Regional rechazó en masa la casi totalidad de los proyectos enviados por
el Ejecutivo.
Lo
que vino después fue sintetizado por el consejero regional Miguel
Sierpe, en una frase: “Es lamentable ver de nuevo repetido lo peor de la
vieja política magallánica”, indicó.
Tanto
él, como Kusanovic, e incluso el presidente del Consejo Regional,
Tolentino Soto, acusaron muy fuertes presiones para aprobar los
proyectos en cuestión. “La cantidad de llamadas telefónicas a toda hora,
era una cosa de locos, algo muy difícil de sobrellevar”, confesó el
consejero regional Alejandro Kusanovic y lo mismo admitió Tolentino
Soto. “Acabo de cerrar esta sesión y una señora vino y me enfrentó con
mucha dureza”, reveló el presidente del CORE, el lunes 19 de noviembre,
cuando rechazaron los proyectos por segunda vez.
Esa
mujer era Dora Ojeda, quien había asistido para presenciar el futuro de
este proyecto y del cual dependían 120 familias de su agrupación, según
insistió una y otra vez.
Para
entonces, la tensión ya se cobraba víctimas entre los miembros del
Consejo. Tres consejeros, Rodolfo Moncada, Yammy Warner y Marcelo
Garrido, habían presentado licencias médicas por diferentes motivos.
Dos
días después, la dirigenta se presentó en la sesión extraordinaria
donde el proyecto estaba en tabla. Cuando le indicaron que nuevamente
sería rechazado, pues la municipalidad no había enviado un documento
exigido como garantía, ella estalló obligando a suspender la sesión.
Después
se dirigió a la Municipalidad, donde se encontró con el alcalde Claudio
Radonich, a quien le informó llena de orgullo lo ocurrido.
En
la oposición, lo ocurrido fue visto como una maniobra política digitada
por el oficialismo. “En esto no me extrañaría que estuviera involucrado
el alcalde y la intendenta”, nos dijo un consejero regional, al término de la tumultuosa sesión.
Esa noche, se llegó a pensar en, simplemente, no hacer ninguna otra sesión extraordinaria y esperar hasta diciembre.
Pero, lentamente, las negociaciones fueron rindiendo frutos.
Un
papel clave lo jugó la decisión de la intendenta de reactivar al día
siguiente las comisiones técnicas integradas por miembros del Consejo
Regional y los diferentes ministerios, donde su jefe de gabinete
desempeñó un papel destacado, pues no solo hubo diálogo, sino acuerdos y
compromisos inéditos: reuniones periódicas y el compromiso de no enviar
proyectos a la mesa, sin pasar por estas comisiones.
También
ayudó el hecho que había mucho camino recorrido en materia de turismo y
el oficio enviado desde la Municipalidad, interpretado en el Consejo
como una concesión.
No quedaba tiempo, la Navidad está a la vuelta de la esquina.
@PedroEscobar