Habitos de vida saludable en los estudiantes

Debido a la influencia que tiene el entorno en la formación de hábitos y al hecho de que un niño promedio asiste al menos doce años de su vida a un establecimiento educacional, la escuela surge como un espacio clave para la adquisición y consolidación de hábitos de vida saludable.
El desarrollo temprano de un estilo de vida saludable contribuye, en términos generales, al desarrollo de una buena salud física y mental, a la adquisición de habilidades sociales y al proceso enseñanza aprendizaje. Concretamente, los estudiantes que mantienen un estilo de vida sana desarrollan una buena salud física ya que tener hábitos saludables ayuda a los niños y jóvenes a mantener un peso corporal adecuado, desarrollar huesos y músculos fuertes y contar con un sistema inmunológico que los protege activamente de los cuadros virales que comúnmente se contagian en el establecimiento, entre otros.
Asimismo, un estilo de vida saludable ayuda a los niños y jóvenes a desarrollar habilidades y actitudes necesarias para una buena salud mental, ya que los estudiantes saludables tienden a tener un mejor estado de ánimo, mayor autoconfianza y autoestima, y mayor control de impulsos de tolerancia a la frustración, entre otros. Por ejemplo, un estudiante que se encuentra en buen estado físico y se alimenta de un modo que le permite tener un peso normal tiene más probabilidades de sentirse cómodo con su apariencia física y confiado para vivir experiencias nuevas, de enfrentar constructivamente las dificultades y de desarrollar una buena imagen de sí mismo.
Además de lo anterior, un estado de vida saludable ayuda a los niños y jóvenes a desarrollar habilidades sociales útiles para la convivencia diaria y la vida en comunidad. Una escuela que promueve hábitos de vida saludable, especialmente aquellos relacionados con la vida activa, fomenta que sus alumnos salgan al aire libre, conozcan a otros y aprendan a respetar reglas y disfrutar en equipo, entre otros.
Por otro lado, los hábitos de vida saludable implican evitar el consumo de tabaco, alcohol y drogas, especialmente antes de los 18 años. Dado que los niños y jóvenes se encuentran en pleno proceso de desarrollo, el consumo de sustancias a esta edad altera los procesos neuromadurativos normales, lo que impacta negativamente la capacidad de planificación, control de impulsos y manejo socioemocional. A su vez, el consumo de alcohol y drogas a temprana edad puede alterar la concentración, memoria y aprendizaje, lo que incide en el rendimiento escolar.
Finalmente el desarrollo de hábitos de vida saludable es importante para las personas no solo por las consecuencias que tienen en la etapa escolar, sino también porque influyen en su vida adulta.

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