¡Hagan juicio!

¡Qué
expresión! Tan nuestra, tan familiar, tan transversal. La he empleado
mucho en el último año, en tuiteos, en posteos, en charlas, en mensajes
de cuanta comunicación electrónica haya ocupado en este tiempo.

Es,
ni más ni menos, un pedido, un ruego, una solicitud, qué digo, ya es
casi un mandato. Depende del grado de confianza que tengamos o
sostengamos, a la habitual exhortación “cuídate, cuídense”, casi siempre
añado “¡hagan juicio!”, expresión dada a un prójimo plural, real o
imaginario.

¿Por
qué esta expresión? Se trata de instar a seguir cierta práctica ética,
cierta conducta, de toda conveniencia, no solo personal, sino social. Y
en el caso presente, con el propósito de que una pandemia no se
extienda, en especial por prácticas o comportamientos poco responsables,
sino irresponsables, directamente.

Hacer
juicio es una expresión idiomática, una locución verbal, y es
equivalente a la también muy común “hacer caso”, en el sentido de
“obedecer, ser dócil”, “acceder o asentir a lo solicitado”.

Hacer
juicio es ser sensatos, ser obedientes, ser dóciles, responder de un
modo ajustado y, por consiguiente, actuar de manera juiciosa, prudente,
correcta. ¿Es tan difícil? No, lo propio de un hombre o mujer es ser una
persona cuerda, reflexiva, ser una persona que piensa, que razona.

En
momentos de gran convulsión, de agitación, de incertidumbre, el
comportamiento de las personas es, a la par, de desasosiego, de
ansiedad, de preocupación, de nerviosismo, de inquietud, de confusión,
de alarma. Y así, hay atolondramiento, imprudencia, irreflexión y, por
consiguiente, una conducta dispar.

De
este modo, podemos explicarnos o entender por qué muchas personas
actúan como actúan. No acatan, no obedecen, en definitiva, no se
comportan de manera acorde a circunstancias del todo recomendables.

Actuar
imprudentemente en situaciones de emergencia como las actuales, donde
todo revela que se debe hacer con prudencia, con discernimiento, con
juicio, y se desatienden indicaciones de salud pública en propio
beneficio y de la población circundante, es del todo, un acto
irresponsable, insensato, sino necio.

¿Es
necesario que la orden, las indicaciones deban hacerse con tantas
medidas de seguridad, con tantos controles, con cercos, con horarios,
con restricciones? Aun así, ¿por qué tanta desobediencia, por qué tanta
inconsciencia e irresponsabilidad?

A
buen entendedor, pocas palabras, no más conciliábulos, hermanos y
hermanas, les pido cordialmente, es decir, se los pido con el corazón,
actúen con responsabilidad, no solo hoy, siempre. Y más que una
solicitud, es una súplica.

¡Hagan juicio!

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