En
enero del año pasado, el Dr. Marcelo Leppe, paleontólogo y biólogo de
profesión asumió como director del Instituto Antártico Chileno (Inach),
justo cuando se aprestaba a emprender un nuevo viaje de investigación al
Continente Blanco, su verdadero lugar de trabajo en aquel momento.
Transcurridos
doce meses, ya está instalado en la tradicional oficina del mandamás,
pintada de color ocre en reemplazo del blanco que lucía en tiempos de su
antecesor, Dr. José Retamales.
Su
motivación por sondear los orígenes de la Antártica sigue intacta y
hoy se profundiza con la dimensión administrativa del cargo. Nada de lo
que ahí sucede nos debiera ser ajeno o lejano, tanto que la cotidianidad
del chileno medio está permeada por eventos que sucedieron hace
millones de años en ese lugar.
Otro
notorio cambio en el amplio espacio del primer piso del edificio del
Instituto en Punta Arenas, es que en lugar de la foto de la ex
Presidenta Michelle Bachelet, quien lo nombró luego del proceso de
selección realizado por la Alta Dirección Pública, está la del
Presidente Sebastián Piñera, cuyo gobierno le ha dado sustento a su
labor.
-Ha pasado un año desde que asumió como director del Inach, ¿cómo evalúa este período?
“Ha
sido intenso, pero hasta ahora hemos logrado avanzar en todos los
frentes. Hoy día el Inach es un poco más complejo de como lo recibí.
Llegamos a un techo de 107 proyectos en ejecución y durante esta década
van a participar 250 científicos, un poco
más que la década anterior. Vamos a tener cerca de 147 movimientos
entre distintos operadores, incluyendo los de las Fuerzas Armadas más
algunos privados. Además de cooperación internacional con 22 países, lo
que multiplica un poco el efecto de lo que estamos haciendo”.
-¿Siente que aún está en rodaje?
“Esto
nunca termina, el día que me sienta totalmente confiado y seguro en lo
que estoy haciendo, va a ser un mal día, porque creo que uno tiene que
tener siempre un poco de nerviosismo para despertar la reacción
adrenalínica que hace poner atención a todas la cosas que nos rodean”.
-Pero igual se percibe como un año distinto para la institución.
“Es distinto por la percepción
social que hay sobre la Antártica. Ha estado mucho más en los medios
que en años anteriores, por distintas razones. Por ejemplo, el cambio
climático ha hecho que la gente ponga más atención en el continente.
También el hecho que como actividad económica ya está dentro de las
cinco principales de la región. Las discusiones sobre el Centro
Antártico, la reconstrucción de las bases, aspectos presupuestarios, los
proyectos que se están ejecutando, el Estatuto Antártico, todo ocurrió
el año pasado y se proyectan para 2019, por lo tanto, es un momento
especial”.
–¿Cuáles serían los hitos relevantes del período?
“Son varios, pero uno de ellos es el éxito que ha alcanzado la Feria Antártica Escolar. También me siento
particularmente orgulloso de la calidad del material que produjimos en
formato papel y digital, especialmente la Enciclopedia Antártica, que
era una deuda histórica y vino a romper una brecha de casi treinta
años”.
–¿Qué diría usted que faltó?
“En
mi balance personal faltaron más cosas que las que se lograron. Nos
falta avanzar más en la infraestructura civil, pero es un hito que la
Dirección de Presupuestos, obviamente apoyada por el Ministerio de
Relaciones Exteriores, nos creó una glosa presupuestaria para empezar a
mejorar nuestras bases y repensarlas para que sobrevivan los próximos
treinta años sin mayor inversión. Por lo tanto, estamos pensando en la
Antártica 2.0 para el siglo XXI.
También falta, para cerrar el área
marina protegida, el apoyo de dos países (Rusia y China), con los que
tenemos que trabajar un poco más para que puedan entender que lo que se
persigue es salvaguardar la existencia futura y las zonas de
reproducción del krill, base de las cadenas tróficas antárticas.
Esperamos consolidar el grupo que está trabajando en cambio climático y
conectar Antártica con el Cop 25, una iniciativa de carácter mundial.
Otro desafío importante es seguir produciendo la migración hacia el sur,
más allá del círculo polar”.
–¿Le produjo algún grado de frustración la postergación del proyecto Centro Antártico Internacional?
“Lo
único que sé respecto del Centro Antártico Internacional (CAI) es que
en marzo culmina la licitación que se hizo a finales del año 2017, que
se adjudicó el estudio de arquitectos Moletto y Asociados, y que ellos
tienen que entregar finalmente su proyecto, cuyo mandante es el
Ministerio de Obras Públicas y nosotros hemos sido contraparte técnica
junto con la Universidad de Magallanes, Por lo tanto, estamos
expectantes de la entrega final.
Ese es el momento en que vamos a tratar
de aunar voluntades respecto del CAI, porque hasta ahora la mayoría de
las opiniones han sido sobre el concepto centro antártico, no del
proyecto”.
–¿Cómo ha sido la relación con su jefe, el canciller Roberto Ampuero?
“Muy
fluida. Yo creo que mi predecesor, don José Retamales, las veces que
tuvo la oportunidad de conversar directamente con el canciller, habrán
sido dos en el año, pero yo en este período he conversado varias veces
con él e hizo una visita oficial al Inach y ya está agendada una
siguiente visita dentro de este verano”.
–¿Hay una mayor comprensión en el Ministerio de Relaciones Exteriores del trabajo que se realiza en el Inach?
“Siento
que la respuesta de la Cancillería es acorde con los tiempos, estamos
viviendo momentos especiales en el tema antártico. Esto trasciende los
gobiernos y también las naciones. Estamos asistiendo a tiempos donde
obviamente hay gran turbulencia en las aguas antárticas, y no me refiero
solamente al cambio climático,
pero de eso solo pueden salir buenas cosas, es decir, que nos demos
cuenta de que el rol de la Antártica es demasiado grande y potente,
puesto que regula muchos aspectos de la vida cotidiana del chileno
medio, tanto que obviamente necesitamos estudiarla mejor”.
–¿Qué aspectos de la vida cotidiana regula?
“Somos
el país más cercano a la Antártica y desde que separa de Sudamérica
hace 23 millones de años, se forma la corriente circumpolar antártica,
la más potente del mundo.
A la vez se forma la corriente de Humboldt,
que baña nuestras costas y produce varias cosas; primero, regula el
régimen de precipitaciones en Chile; la productividad primaria de los
océanos, es decir, en las zonas de surgencia de la corriente es donde
hay más pesca; segundo, como efecto de esta corriente, hace 23 millones
de años, se forma el desierto de Atacama, el más seco del mundo;
tercero, sabemos ya que algunos aspectos del cambio climático en la
Antártica están condicionando el avance de la desertificación desde la
Cuarta a la Quinta Región y Región Metropolitana.
Hasta ahí alcanzamos a
comprender bien, después de eso hay un gran espectro de relaciones que
no tenemos bien cuantificadas, por ejemplo, hidrato de metano en el
fondo oceánico. Sabemos que frente a las costas chilenas hay una fosa
que tiene depósitos de hidrato de metano, que hoy día están burbujeando
en algunas partes, como la isla Mocha y como también está ocurriendo en
la Antártica.
El metano es un gas invernadero mucho más agresivo que el
CO2, tiene una vida media más corta, pero puede producir un
calentamiento global en períodos más cortos que el presupuestado.
¿Cuánto sabemos de los depósitos de hidrato de metano frente a las
costas chilenas? Aún muy poco”.
–¿Pareciera que también influye en el mundo?
“La corriente circumpolar antártica condiciona la temperatura en el Mar
del Norte, donde está Escocia e Irlanda; condiciona la floración de los
cerezos en Japón; condiciona la aparición de los periodos secos en el
centro de China. Hoy día Antártica es el corazón palpitante del planeta,
cambia de 13 a 14 millones de kilómetros cuadrados todos los años, con
el hielo marino que tiene alrededor, y su sistema circulatorio son las
corrientes que nacen de la circumpolar antártica”.
-La investigación antártica está actualmente en el centro de la atención internacional.
“Un
laboratorio y un grupo de investigadores chilenos publicó un artículo
que fue muy importante a nivel mundial, que da cuenta de la actividad de
una molécula obtenida del pasto antártico: la Antartina, que demostró
tener un 30% de actividad anticancerígena en el cáncer colorrectal. Se
publicó en una revista especializada y se sacó la patente farmacéutica.
Hoy día está en pruebas clínicas en Harvard. Si el programa chileno
logra producir un remedio para el cáncer, justifica veinte años de
investigación científica, porque está solucionando un problema real y
contingente de toda la humanidad. Ese es uno de cerca de cincuenta
proyectos que están buscando aplicaciones biotecnológicas de compuestos
que existen en la Antártica”.
@JoséBenítez