Igualdad

Según la empresa
encuestadora Cadem, el 48% de los que votaron Apruebo en el plebiscito recién
pasado, marcaron esa opción para terminar con la desigualdad social en
pensiones, educación y salud. Estos tres temas han estado en la palestra
pública hace ya varios años, y han sido eje de las manifestaciones ciudadanas
que con fuerza, golpean al país desde el año pasado. Luego, las políticas
públicas deberán hacerse cargo de estas inquietudes.

Como se puede apreciar,
estas tres sentidas demandas se están canalizando a través de una posible nueva
Constitución, lo que pone presión para que las normas hagan realidad tales
deseos. O de otra manera, sabiendo todo el mundo que esas demandas ciudadanas
se piden con fuerza y sentido de urgencia, algunos políticos encauzaron o
dirigieron tales aspiraciones hacia el cambio de Constitución. Cabe preguntarse
si una ley, por muy importante que sea, cambiará la realidad de manera
sustancial. Una gran parte de la ciudadanía estima que así será, pues cifra
muchas esperanzas en que si una norma constitucional establece la igualdad en
pensiones, salud y educación, se logrará finalmente.

Por otro lado, hubo mucho
debate respecto de la igualdad en nuestro país; en qué se debía entender por
igualdad, pues al mismo tiempo se esgrimieron conceptos tales como equidad, igualdad
de oportunidades, igualdad de trato y otros. Se señaló que el trato hacia las
personas más desposeídas o que están una posición desmedrada en la vida, debía
ser digno; que debía ser más horizontal, menos soberbio. El incidente de la
persona que fue expulsada de una playa privada por su dueño, caló fuerte en el
imaginario de las personas; de la misma manera aquel en el cual unos altos
ejecutivos de una Afp aparecieron divirtiéndose lujosamente en un yate,
mientras las pensiones de muchísimas personas no alcanzaban a financiar
siquiera las vituallas de algunas horas en ese yate, lo que causó justa
indignación.

Por eso el desafío de
construir una sociedad más igual, es mayúsculo, porque tal construcción no debe
entorpecer de manera alguna la iniciativa privada y el premio al esfuerzo de
toda una vida. En nombre de la igualdad no se debe ni puede desincentivar el
que las personas obtengan su merecida recompensa a años de esfuerzo físico como
intelectual. En esto la parábola de los talentos nos ilumina grandemente: Dios pone a disposición dones o talentos a los
hombres con la obligación
de que los desarrollen, esperando una respuesta fructífera
 por
parte de cada ser humano, y que la
inactividad
por miedo, exceso de preocupación, cobardía, pereza
o simple omisión consciente, en hacer rendir los talentos recibidos es criticada por el
propio Jesús (Mateo 25, 14-30).

Ciertamente la aspiración de mejores pensiones es loable y debe hacerse
realidad. También una educación que otorgue herramientas eficaces a los niños y
jóvenes, de manera que puedan desarrollar una profesión u oficio que les
permita ganarse con suficiencia, la vida. Y una buena y oportuna atención en
salud, es esencial para tener una sociedad más justa.

Pero todas estas aspiraciones y otras igualmente caras, no podrán
existir sin una vigorosa iniciativa privada, sin libertad de emprendimiento,
sin una economía libre de la mayor cantidad de regulaciones e impuestos, que la
gravan pesadamente e impiden crear riqueza para los ciudadanos y transferir recursos
al Estado para que desarrolle políticas públicas que permitan una mayor
igualdad y sacar a las personas de la pobreza, como sostener en el tiempo a la
clase media.

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