Diversas
investigaciones han señalado que el origen de la mayoría de las
pandemias y epidemias zoonóticas, como el COVID-19, recae en la pérdida
de biodiversidad generada por el uso insostenible de ésta. Una de las
vías más importantes para fortalecer y reparar la relación entre la
sociedad y la naturaleza es el manejo efectivo y equitativo de las áreas
protegidas (APs).
De
acuerdo al artículo “COVID-19y áreas protegidas y conservadas”
(Hockings et al. 2020), recientemente publicado en la revista Parks de
la Unión Internacional para la Conservación dela Naturaleza, la pandemia
de COVID- 19 ha impactado negativamente diversos aspectos de las APs.
Se han identificado mundialmente efectos adversos en la capacidad de
manejo, presupuestos y efectividad de las APs, así como también impactos
en los medios de vida de las comunidades que viven dentro y alrededor
de estas áreas, especialmente de aquellas que tienen una dependencia con
la actividad turística. Asimismo, se han evidenciado impactos para la
biodiversidad, generados por la caza furtiva de especies, extracción
ilegal forestal, aumento de presiones de uso de recursos por parte de
las comunidades aledañas al ver afectadas otras formas de subsistencia,
entre otros problemas identificados.
En
el caso de nuestro país, la reducción de presupuesto y personal de las
APs, así como los impactos económicos generados por la pérdida de
turismo, repercutirán directamente en el manejo y conservación de estas
unidades. La reducción en la visitación a las APs afecta directamente el
presupuesto del Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas del
Estado (SNASPE), ya que el pago por entradas aporta más de un 50% al
financiamiento de sus 105 unidades. El resto del financiamiento lo
cubre el Estado, pero desde años anteriores se ha visto con preocupación
una sostenida reducción de dicho aporte estatal, por lo que en el
escenario económico nacional la tendencia debería continuar. Esta
situación pone en riesgo el rol que las APs tienen para la conservación
de la biodiversidad, la mantención de procesos ecosistémicos y los
beneficios socioeconómicos que generan.
La
pandemia del COVID-19 ha hecho evidente la necesidad urgente de cambiar
la relación que llevamos con la naturaleza, especialmente en el caso de
las APs y su rol para el bienestar de la sociedad. Para ello, los
autores del artículo mencionado han recomendado 3principios para
responder a la pandemia: 1. El COVID-19 es un síntoma de una crisis
ambiental mayor, 2. Debemos comprometernos y actuar por alcanzar un
planeta saludable y sostenible, y 3. Las APs generan amplios beneficios a
la sociedad, pero éstos se encuentran bajo un severo estrés debido a la
respuesta social frente al COVID-19.
Considerando
estas recomendaciones, en el escenario post pandemia en el que se busca
que el turismo nacional y regional se recupere, las APs que sustentan
en gran medida esta actividad requieren de una protección y conservación
más efectiva. Incluyendo por ejemplo el desarrollo de nuevos estándares
sanitarios, formas de uso y concentración de visitantes en las áreas
protegidas de la región. Esto implica migrar hacia un escenario donde
construimos como sociedad una relación nueva y transformadora con la
naturaleza, lo que requerirá de planificación, financiamiento y
coordinación con los sectores público y productivo, así como con la
academia.