Los años que habitamos en esta tierra nos van llenando de recuerdos, vivencias, alegrias, penas y tristezas, con el paso del tiempo vamos viendo como nuestros seres queridos o personas que conocemos se van apagando hasta fallecer.
Con la entrada a la edad madura vamos empezando a valorar y reconocer muchas cosas que antes carecían de sentido o a las cuales no les dábamos la importancia suficiente, dejamos las aprehensiones materiales y comenzamos a valorar al ser humano por sus valores y principios.
En este caso dedico mi columna a don Alex Andrade, funcionario del Poder Judicial, que siempre estuvo al lado de todos aquellos que comenzamos el largo camino del Derecho, siempre con buena disposición y atento a ayudar y resolver las innumerables dudas que pudiese tener quien le consultaba, en especial cuando te enfrentas al mundo judicial siendo un estudiante de derecho, lleno de miedos y dudas, comenzando a dar los primeros pasos de lo que te convertiría en un futuro abogado.
Así como el caso de Alex, el año pasado nos dejó don Héctor, funcionario del Juzgado de Policia Local, quien también tenía las mismas virtudes de ser una persona cercana y atenta, siempre con una sonrisa y una tremenda disposición.
Como ellos, existen muchos otros funcionarios de diversos tribunales que siempre tienen la voluntad y paciencia de atender a quienes laboramos frecuentemente en sus jurisdicciones, a ellos también va dedicada esta columna, porque a veces por no decir las cosas o agradecerlas en su debido momento, tenemos que llegar a estas instancias para reconocer las grandes personas que nos acompañan en nuestra labor y que nos hacen un poco mas llevadero el trabajo en tribunales.
In memoriam de Alex, Héctor y tantas otras personas que han dejado huella en nuestros caminos.