Patricia Politzer, Rodrigo Jordán, Benito Baranda, Agustín Squella son algunos de los nombres más reconocidos de un enorme grupo humano que está decidido a ayudar a que el proceso constituyente sea lo que el país quiere. Un grupo de intereses diversos, transversal a la sociedad chilena y comprometida con la actividad pública. Cada uno ha puesto su capital humano y su nombre a la construcción de un Chile más solidario y desean que se nivele la cancha para poder participar en igualdad de condiciones. No es solo academia, han sido voz para hacer oír al mudo, han sido manos para levantar al caído, reparar sus casas después de los terremotos o para alimentar al necesitado. Han sido hombros para otorgar consuelo al acongojado. En fin, individualmente han sido la luz que necesita el que se encuentra en el fondo de un pozo y no tiene esperanzas.
No llegaron para establecer un nuevo poder o un partido político en el cual posicionarse y brillar en el futuro. Ninguno lo necesita, porque son felices en cada ámbito de sus respectivos desarrollos, pero están comprometidos para que la comunidad se organice y participe de este importante proceso.
A falta de un claro ideario moral y en el silencio sepulcral de quienes tenían la voz cantante en la formación de valores, bueno es que gente del común tome las banderas para aglutinar y orientar.
Desde el 18 O hemos estado en un desorden de todo: de ideas, de acciones y reacciones, de confusión y desesperación para satisfacer lo más básico de cada persona o familia. Esto se ha incrementado con la pandemia que nos ha dejado como sociedad en una situación similar a las de las películas apocalípticas que la antecedieron premonitoriamente y que se ha supravalorado con las normas que se han establecido para poder participar en este nuevo proceso, el cual es histórico.
Muchos dirán que no se sacará nada, que todo seguirá igual, que los mismos se arreglarán para sí, pero es necesario superar esa desmoralización con gente proactiva e independiente que lo tratará de canalizar de manera decidida y valiente. No estamos solos y no estaremos nunca más solos, porque la pandemia nos enseñó a volver a convivir en nuestras casas, en el apoyo de nuestros vecinos, en las ollas solidarias levantadas en cada población. Esto permite dialogar en paz, en meditar nuestras necesidades, en vislumbrar el mejor destino de nuestros hijos y ponernos a disposición de un bien mayor.
El Estado debe estar al servicio de las personas que, diversas en sus identidades, son iguales en dignidad y derechos y debemos potenciar un modelo de desarrollo inclusivo, sustentable y descentralizado, creyendo en el respeto irrestricto de los derechos humanos universales e interdependientes y en una democracia representativa y enriquecida con nuevos mecanismos de participación. No todo debe estar centrado en votar por alguien y en olvidarse a la espera que el listado de tareas se haga. Eso desgasta y desilusiona.
El tiempo que nos queda es corto, las alianzas con los independientes que adhieran a los conceptos globales de INN deben ser prontamente implementadas y como verán cuando las revisen, se darán cuenta que es la conjunción de los gritos de la calle, lo que millones de personas requieren y donde nadie debe resultar excluido por edad, raza o condición.
Estamos con INN y hacemos propios sus lineamientos programáticos y formamos parte de su ideario porque estamos convencidos que es lo que Chile necesita. (ver independientesnoneutrales.cl).