La agónica derecha magallánica

Nuestro carácter insular nos expone a una situación de permanente aislamiento no sólo territorial sino que cultural, político y social, lo que se hace evidente en el debate constitucional, donde contrastan los anuncios catastrofistas de la derecha local con importantes líderes de opinión de ese sector, en el sentido que una suerte de carta en blanco y el proceso constituyente nos expone al caos, la baja en la inversión y un proceso de incertidumbre en el cual seremos víctimas de toda clase de males.  Esto no se condice con uno de los exponentes más destacados de la joven derecha chilena, me refiero a Pablo Ortúzar, que en su columna de fecha 12 de septiembre en el diario La Tercera, con realismo político,  señala algunas precisiones dignas de destacar, primero que cualquiera sea el contenido de la nueva Constitución, ésta debe responder a la pregunta por la forma del Estado, y que si se revisa el espectro político existe menos divergencia de la aparente en esta materia.  Luego, nada hay que temer y el debate debiera transcurrir por caminos normales y ajustados a cauces democráticos, el que no sólo es posible sino necesario.  Manifiesta además, que existiría una suerte de consenso en que todos quieren algo así como un Estado Social, capaz de asegurar, sobretodo a los más desposeídos, prestaciones básicas para una vida digna.   Luego, mal puede anunciarse toda suerte de males por el hecho que se alcen reivindicaciones históricas cuyo reconocimiento constitucional se demanda, expectativas que podrán satisfacerse en la medida de un país que recupere su capacidad de crecimiento y desarrollo post –pandemia.  Entonces, tampoco estas demandas por salud, educación y pensiones dignas importan o traen consigo el azote de Dios, y la inevitable decadencia.
Agrega Pablo Ortúzar, que así planteadas las cosas, el debate debería centrarse más bien en que tipo de Estado Social, es posible construir en Chile, y por cierto,  y en lo pertinente a una región extrema como la nuestra, adquiere importancia el tema de cómo se distribuye el poder, si es que es posible concebir, como nos indica el autor, un Estado central, fuerte y amplio y homogeneizador como garantía de un crecimiento armónico y con mayores niveles de equidad  y si un Estado subsidiario, en el sentido concebido en la actual Constitución, posibilita o no mejores condiciones de vida para los magallánicos. Nuestra historia nos demuestra que no es así, y que esta región no se habría desarrollado conforme a estrictos criterios de mercado, sino que requiere de incentivos e inversión pública especiales en relación al resto de Chile.
Es difícil no compartir la parte final y las conclusiones de la columna en comento, un Estado Social de Derecho, requiere de un trabajo paciente, conocer la historia constitucional de Chile, los fundamentos de su evolución,  saber como aprovechar los saberes y la experiencia política nacional, no se construye con más farándula y declaraciones altisonantes que generan una bulliciosa campaña del terror que no tiene fundamento en nuestro historia reciente, ni en la transición a la democracia.
Por el contrario, se requiere con urgencia que los magallánicos trabajen mancomunadamente por un nuevo ordenamiento constitucional, que se torna inevitable, donde salvo los sectores más recalcitrantes, nos hemos llenado de sectores socialdemócratas que demandan su propia tajada en las futuras transformaciones, lo relevante para nuestra región es como nos va en este proceso de cambios y que rol jugarán las regiones extremas.  La derecha magallánica aparece al debe, fraccionada, sin liderazgos y sin propuestas concretas para el cambio, no es que la oposición esté mejor, pero dos enfermos terminales no le hacen bien a la región y a este paso tendremos escasa gravitación en el plano de las ideas en el proceso constituyente, que de una forma u otra, antes o después, ocurrirá, porque como señaló el propio Joaquín Lavín, el traje ya quedo chico.

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