La
cajita feliz ofertada por el Gobierno no logra satisfacer a los
chilenos que demandan prestaciones efectivas para paliar sus necesidades
básicas de pan, techo y abrigo, al inicio del invierno, máxime si no
está claro su contenido, el costo, su forma de distribución y la
cobertura de esta prestación. Con todo, agrava la situación el hecho
que la oposición no tenga la capacidad de presentar alternativas,
concentrando los fuegos en el número y contenido de las cajas. O sea, no
disputa el espacio político y no tiene propuestas de futuro para
enfrentar la pandemia y el futuro, sino que centra el debate en la
asistencia y la suficiencia de ésta, olvidando que la pandemia está
atravesada por el proceso constituyente. Surgen las primeras certezas,
las protestas no han parado, sólo están en suspenso, no hay acuerdo
nacional para enfrentar la crisis social, así la propuesta de retirar
fondos de las AFP, en realidad no es sino una forma de asistencia,
recurriendo a los propios fondos de los trabajadores, tal y cual como se
hizo con el seguro de cesantía, en realidad no hay dinero fresco sólo
raspado de la misma olla. Tampoco ha funcionado la Banca, para las
pequeña y mediana empresa, no se han relajado las garantías requeridas
y, las deudas de arrendamiento, impuestos y gastos generales se suman. O
sea, cabe concluir que no hubo ingenuidad o imprevisión, sino que la
intención positiva de privilegiar al capital financiero que no asume
riesgos ni le resulta exigible la filantropía, a las personas no queda
sino asumir la quiebra personal o de su pequeña o mediana empresa. Con
relación a un tema ya conocido, la educación, el año ya se fue, no habrá
nueva normalidad, sino promoción automática con escasa o nula
exigencia, dado que ésta no podría tener lugar en el sistema público que
muestra sus insuficiencias, la inequidad entre quienes tienen
conectividad de internet y quienes carecen de ella, quienes tienen un PC
y quienes tienen uno o varios equipos en casa, en tales circunstancias
simplemente no es posible hablar de normalidad. Con todo, la pandemia
tiene su lado positivo, la Cormupa recibiría
porcentualmente una mayor subvención, en invierno donde la tendencia es
la baja en la asistencia. Sin embargo, lo importante es que con el
término de la pandemia, por decreto, o sin ella, ya no es posible
mantener el financiamiento por subvención, el retorno no será normal, la
asistencia no será comparable a meses similares de años anteriores,
razonablemente los padres no pueden confiar en la nueva normalidad y
ello obliga a pensar un sistema de financiamiento post-pandemia que de
cuenta de esta nueva realidad, en que la reincorporación a clases será
progresiva, irregular y traumática por el fundado temor de los padres,
para lo cual no hay políticas públicas, si se considera que la pandemia
no será un paréntesis, éstas no son ni vacaciones prolongadas, ni un
paro negociado , ni una inundación, el miedo genera incertidumbre y ésta
no permitirán un retorno pacífico y la normalidad anunciada. La
educación requiere no sólo de una cajita feliz sino que de un chanchito
que asuma los costos de un retorno progresivo, en que habrá que asumir
que para un sector de estudiantes, al menos, se han ensayado nuevas
modalidades que llegaron para quedarse, que no son compatibles con el
control por asistencia que data de los ochenta, la irregularidad del
ingreso es contraria a la normalidad y, no se condice con tiempos de
excepción.