La Constitución del bien común y los postergados

No cabe duda, que los contenidos y las ideas que van a rodear el debate constitucional, serán la música permanente durante los meses venideros. ¿Qué tipo de estado queremos? ¿Qué derechos se deberán garantizar? ¿Presidencialismo o semi presidencialismo? ¿Bicameralismo o unicameralismo? Serán sólo algunos de los temas, que, de seguro, escucharemos debatir en el tiempo próximo.
Pero en este debate también, han surgido diversas corrientes, que hacen pensar que el debate constitucional puede terminar convirtiéndose en un debate monotemático respecto de quienes creen que esta debe ser “la constitución del feminismo”, “la constitución animalista”, “la constitución de los pueblos originarios”, etc.
Los anteriores, todos temas que comparto absolutamente, pero que más que discutirlos separadamente, debemos hacer el esfuerzo para que atraviesen TODO el articulado constitucional.
Por ejemplo, es de suma necesidad que los temas de igualdad de género, no sean sólo un apartado simbólico, sino que se requiere de la absoluta necesidad que atraviesen todos los contenidos de la constitución, especialmente los referidos a derechos sociales.
Que también, el reconocimiento constitucional a nuestros pueblos originarios, permita que sus derechos y dignidad, estén materializada en todos los aspectos ligados a políticas públicas.
Otro caso, el de los 2,5 millones de chilenas y chilenos que viven en situación de discapacidad, hoy la ley 20.422 se queda corta; no basta con reconocer y promover, sino que debemos dar un salto cualitativo a garantizar y priorizar la inclusión, en materia de vivienda, salud, educación, trabajo y pensiones.
Es decir, la nueva constitución no debe ser temática, sino que debe apostar al bien común, y en ese bien común, proteger a los que han estado permanente postergados: los adultos mayores, las mujeres, las personas en situación de discapacidad, las y los niños, los pueblos originarios, los que no tienen acceso al agua.
Ellos son el rostro de la dignidad. Hay dolores en Chile en que no llenan la Alameda ni calle Bories con una marcha, que no son tendencia en redes sociales, y que no aparecen en los matinales; son justamente esos dolores, con los que la Nueva Constitución, debe terminar.
Humanizar la política, sufrir con el otro, y que la dignidad se haga costumbre.

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