La desunión hace la fuerza

“El Pueblo Unido Jamás Será Vencido” se escuchó durante la explosión social de octubre de 2019. Aquel grito, “El violador eres tú” y “El derecho de vivir en paz” fueron plasmándose en el alma de una población como un contagio inesperado, que sorprendió a la elite política que la vio expandirse sin control. Ni la represión, ni los discursos rimbombantes, ni las imágenes desoladoras de los desmanes y de destrucción que mostraba la televisión logró aplacarla y fue como un delirio de todos los que pensaron que los problemas que padecían eran exclusivamente suyos.
La docilidad del chileno, acostumbrado a ser reprimido, ninguneado y a una sociedad opresora desde la cuna, ha hecho mella en su personalidad. Nos sorprendemos y envidiamos la ligereza de lengua de los argentinos cuando deben alegar algo, hasta por lo más mínimo, incluso cuando alguien se cuela en una fila. Nosotros no reclamamos y lo dejamos: “que otros le digan algo”. Nos da vergüenza la desvergüenza de otros y nos dejamos pisotear y nos hacemos los lesos. Lo máximo será un oculto y tibio silbido “a ver si alguien más se anima”.
La pandemia llegó en el momento preciso. Ideal para reducir la fiebre y para buscar los acomodos requeridos. De pronto todos los problemas se postergaron y las cifras y reportes de casos, los enredos de las etapas del Paso a Paso, las continuas contradicciones, las evidentes y masivas contravenciones a las órdenes emanadas de la autoridad, terminaron por lograr el efecto soporífero esperado y ya la comunidad no quiere más. El encierro, las carencias económicas, los efectos perversos de la pérdida de fuentes laborales se transformaron en el furúnculo que daña la piel y quiere explotar, salir a las calles, gritar que aún se está vivo.
De nuevo comenzó el proceso de la sobrevivencia, donde cada uno comenzó a ver lo necesario a su realidad, a la de su familia y entorno más cercano. Se olvidó el proceso vivido y se dio importancia a lo mediático y los gritos de liberación quedaron como una anécdota en las redes sociales y en los videos de Youtube.
La necesidad de crear una nueva Constitución salió de las prioridades de la población porque las vacunas comunicacionales que se le aplicó postergaron toda la información de lo que se viene. Nada se ha dicho de que el proceso del mes de abril depende de las inscripciones de candidatos para ocupar escaños y que el plazo vence inexorablemente el 11 de enero de 2021 y que para presentarse se requieren firmas de patrocinantes que los avalen. Las mentes están tan ocupadas que los mismos que gritaron en las calles no han escuchado el clamor de los que quieren participar en el proceso representándoles.
La derecha está calladita y ordenada. Piñera los alineó al día siguiente del triunfo del Apruebo y mientras todos se felicitaban por el resultado obtenido, se echó a andar una máquina que venía aceitándose desde hacía varios meses antes. Nadie lo ve venir y como los medios de comunicación están en manos interesadas, las líneas editoriales se han cuadrado para mantener el silencio, la desinformación y la burla que se quiere hacer del sistema.
La población pidió una nueva Constitución y que esta sea redactada por una Asamblea Constituyente ajena a los partidos políticos y hoy nos encontramos que, al menos un Senador está renunciando a su cargo para postularse a ella y que los partidos van a presentar a sus candidatos en sus listas. Incluso se está trabajando en una lista unitaria del Apruebo, dejando espacio al 50 % de independientes. Una mera concesión. ¿Cómo es la cosa? ¿Se aprobó por un 80 % ir a una convención y va a terminar en manos del 20 % que perdió?
¿Qué va a pasar cuando el 11 de enero se muestren las cartas y nos encontremos con que la elite volvió a salirse con la suya?

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