La elección

Pocas elecciones han convocado tanto interés internacional como las que se están realizando en los Estados Unidos, en que postulan a la presidencia de la república en un complejo sistema electoral, Joe Biden y Donald Trump.  En el país más poderoso de la tierra, otrora ejemplo de democracia, al menos en la pantalla de Hollywood, hemos podido informarnos desde temores de una guerra civil, el cuestionamiento anticipado de los resultados, acusaciones de fraude electoral hasta del retraso en los cómputos, que a nosotros tercermundistas nos resultan extraños, demasiado acostumbrados a tener resultados y el reconocimiento de estos a escasas horas de cerradas las mesas, a pie de urna, con apoderados de los partidos que dan fe de la corrección del proceso, sin lugar a dudas a una tradición que ante estas elecciones en el país mas poderoso de la tierra, en que no faltan ni recursos ni tecnología no llena de satisfacción,  entre otros aspectos por un Gobierno, funcionarios y una ciudadanía que a pesar del estado de pandemia pudo realizar un proceso impecable.
    Estados Unidos en medio de la pandemia, exhibe el mayor número de contagiados en un día, pasa la barrera de los cien mil, y además entrega otras enseñanzas, la cultura políticas, los temores y ansiedades de una población son mayores y más gravitantes al momento de los resultados, a pesar de la pandemia y su pésimo manejo de la crisis por Donald Trump, este consigue una importante votación, no lo han perjudicado el crecimiento demográfico, la masiva participación, su política migratoria, su política internacional, la forma en que ha negociado sus tratados internacionales ni la crisis económica.    Por el contrario, sus electores lo siguen privilegiando con el voto por su política de fuerza, la imagen del cowboy que rara expone ideas sino que bravatas.  O sea, la crisis que no consigue superar el país con más premios nobeles en el mundo, grandes universidades y el mayor desarrollo tecnológico, es en realidad su pesada falta de cultura masiva, donde en la educación los Estados Unidos, ha ido quedando rezagado y hoy exhibe en parte sus consecuencias.
Si gana Joe Biden, como parece ser la tendencia, sus resultados no serán la consecuencia de indicadores aislados y de encuestas, sino que de los nuevos procesos de cambios que se generan en los Estados Unidos, un malestar ciudadano por el racismo, la discriminación, la falta de servicios para los sectores más carenciados de educación, salud y vivienda, violencia policiaca y un sentimiento de agotamiento del sueño americano.  O sea, emociones, un sentimiento de injusticia que se arrastra por décadas, que no logra llenarse con rebajas tributarias y la oferta de un acelerado crecimiento económico, que en el corto plazo y hasta antes de la pandemia eran gran parte del capital político de Trump.
En definitiva, una demostración a gran escala, que el necesario y valioso crecimiento económico por sí solo no garantiza estabilidad y paz social.    Con todo, la alta votación de Trump, inclusive en los Estados, que aún viven de la explotación del carbón en condiciones durísimas, que se entendían superadas, antes que se levantaran prohibiciones medioambientales y de seguridad industrial, deja también una enseñanza, no basta con las condiciones y necesidades objetivas para obtener un resultados, se requiere de trabajo y desarrollo social, descender del pedestal y situación de privilegio de los partidos, los cuales no pueden continuar de espectadores y expertos en encuetas.   Trump, ha tenido el mérito de comunicar y sintonizar con sentimiento y emociones de muchos norteamericanos, ha desafiado su racionalidad y la evidencia empírica de sus políticas públicas, gran enseñanza para Chile, en que Joaquín Lavín, sigue liderando en las encuestas y nada garantiza a la mayoritaria pero descoordinada y neurótica oposición obtener un buen resultado en las próximas elecciones presidenciales.

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