La ilusión de seguridad

Hace
pocos días se impulsaba desde Gobierno el levantamiento de las
restricciones de movilidad de las personas y la reactivación de la
economía. Punta Arenas se preparaba para la apertura inicial. La señal
era de seguridad y de alguna forma todos nos envolvimos en una atmósfera
de relajamiento. Así, la autoridad abría espacios públicos y
recreativos y planificaba el retorno a clases presenciales, un sector
del empresariado relajaba el control de las medidas sanitarias, y un
porcentaje de la población realizaba actividades con riesgo de contagio.
La gente empezó a tener más desplazamientos, incluso entre distintas
ciudades. En este sentido, el plan Paso a Paso señala que los “los
Permisos Temporales Individuales de Desplazamiento entre sectores o
localidades que se encuentren en diferentes Pasos, serán otorgados,
excepcionalmente, para la realización de actividades esenciales e
impostergables. Todo lo anterior es, sin perjuicio de las reglas
aplicables a los cordones sanitarios”. Y un cordón o barrera sanitaria
es una parada obligatoria por la que deberán pasar todos quienes deseen
ingresar a una zona en donde se exige pasaporte sanitario (permiso
temporal o declaración jurada simple) y se controla la temperatura. Y
sólo dice y exige eso.

A
raíz del arribo de un funcionario de la Armada contagiado a Puerto Edén
y del viaje relámpago por parte de una autoridad a una zona de
cuarentena volviendo de inmediato a su lugar de trabajo, una vez más nos
preguntamos sobre la efectividad de las medidas adoptadas, la
suficiencia de éstas y la rigurosidad de los controles. Producto de
ello, recién ahora sabemos que más que una barrera sanitaria lo que
tenemos es una barrera laboral. A una persona, no residente, que viene a
Magallanes sólo le basta tener un contrato vigente en la zona para
poder ingresar. No se le exige un test en origen o arribo y no hay
cuarentena, sólo control de temperatura y un pasaporte sanitario y luego
directo a interactuar con la población y a trabajar. Si bien es
probable que estos viajeros no sean la causa de los dos brotes
importantes recientes (y estos sean más propios de la convivencia en
espacios cerrados), sin duda sigue siendo una posibilidad de riesgo
latente que debe ser controlada, como lo han hecho aquellos países o
ciudades con resultados exitosos.

Sin
duda aprender a cuidarnos y convivir con el virus es responsabilidad
compartida, sin embargo el rol principal es del Gobierno que debe
mantener el testeo, trazabilidad y aislamiento que nos permita
identificar oportunamente los brotes y evitar su propagación, siendo
indispensable además la correcta y estricta fiscalización y control, la
oportuna educación e información a la población, y la adecuación de la
medidas a la realidad territorial. En la medida que todos tengamos
conciencia y compromiso de nuestro rol podremos tener mayor certeza de
seguridad y avanzar hacia la recuperación de nuestras actividades
familiares, sociales y laborales.

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