La necesidad de un abrazo

Aunque
nos creamos inmunes al dolor; aunque tengamos caretas de dureza
espiritual; que alardeemos que somos de otro mundo; que ostentemos
experiencias fuertes de vida; que nuestra existencia haya tenido mucho
de agraz y nos haga ser indolentes con el padecimiento ajeno, cuando nos
encontramos en soledad requerimos una mirada de cariño, una palabra de
bondad, una caricia, un apretón de manos o los brazos de alguien en
quien aflojar la carga acumulada.

La
necesidad de un abrazo es más fuerte que una palabra y hemos tomado
conciencia de ello por las noticias que nos llegan del extranjero, donde
miles de personas mueren en el más absoluto desamparo de afectos y son
consumidos por una especie de pixeles de un programa computacional que,
de pronto, nos vuelve invisibles e intocables. En un momento se está
aquí y en unos días la realidad es totalmente distinta. No alcanzar a
despedirse de un ser querido, de verle el rostro por última vez,
sabiendo que sus cuerpos han acumulado el dolor terrible de la
enfermedad hoy es comentado por las redes sociales y nos impactamos por
el número de decesos, por el sufrimiento experimentado y por la
aflicción de quienes quedan llorando tras la ventana.

Hoy
tenemos a muchos hermanos y amigos en situación de aflicción. Las
cifras van en aumento y el pick o la curva no comienza a aplanar.
Santiago en cuarentena por fin, luego de tantos ruegos. Chile no es solo
la capital o Las Condes, como nos quieren hacer creer. Son muchos más
los que dependemos unos de otro y los de provincia también y hoy nos
obligan a distanciarnos un poco más. Nadie está ajeno a ello pues este
virus no tiene contemplación y al fin están apareciendo caras conocidas
por todos que, a pesar de todas las advertencias, tampoco las cumplieron
a cabalidad.

La
visibilización de los efectos de la pandemia, el temor de contraerla,
la guadaña de la carpa zumbando sobre nuestras cabezas la estamos
experimentando porque, por fin, se están dando las informaciones reales y
donde los errores cometidos deben ser reconocidos para poder enfrentar
el siguiente capítulo con mayor empatía. La tozudez y arrebatos de hace
unos días no se puede volver a repetir. La visión unipersonal y
unidireccional de la situación siempre adolece de error. Muchas voces
fueron omitidas, descalificadas y hasta injuriadas atribuyéndoles mala
fue. Es tan fácil ir adecuando discursos, pero tan difícil borrar lo ya
dicho que resulta inquietante que aún haya contumaces que no pueden
darse cuenta que lo que importa no es repetir todos los días lo mismo y a
la misma hora. No es momento de castigar con palabras rudas, es
necesario el abrazo consolador.

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