La pandemia que desnuda

Siempre
supimos que este era un país desigual. Que el valor el dinero que como
sociedad le hemos dado nos obligó en ser unas máquinas que llenó de
codicia de mar a cordillera, de sur a norte, perdiendo valores
fundamentales e, incluso, haciéndonos dejar de lado cosas fundamentales
de la vida, como la familia.

Un
poco más de un mes y vimos como una línea aérea, gigantesca y que ha
mantenido una especie de monopolio del aire, no alcanzó a estar una
semana cuando le comunicó a sus trabajadores que se bajarían todos los
sueldos y pidió por todos los medios de comunicación que el Estado
intervenga y salga al salvataje para mantener la industria.

El
virus avanzó y las PYMES, que son el motor de Chile, se han visto
enfrentadas al peor de sus calvarios. Todo indica que serán muchas
pequeñas empresas que no serán capaces de sortear con éxito este trance y
definitivamente cerrarán sus puertas, dejando a familias sin el
sustento de vida.

Es
un escenario complejo en todos los ámbitos. Desde educación, debido a
la suspensión de clases, necesaria por supuesto, algunos entendieron que
son muchas las casas que aún no se conectan digitalmente, ya sea por
carencia de internet o de un computador, y se habla de las clases on
line o teletrabajo con total soltura, como si tuviéramos nuestros
asuntos sociales cubiertos tipo país escandinavo. Positivo: que por
obligación vamos a tener que avanzar en una conectividad universal si
queremos que todo esto funcione en el futuro, porque ya no existirá el
borrón y cuenta nueva.

En
materia habitacional, somos cientos de chilenos que nos hemos quedado
en casa, ya sea de forma obligatoria o preventiva, pero claro, hacer una
cuarentena en una casa de 120 metros cuadrados con cuatro personas
adentro, es bien distinta que hacerla en una casa de 40 metros, con un
baño y siete personas con las que convivir. Todo es desigual, incluso la
forma de afrontar esta pandemia.

Desde
el estallido social en octubre, algunos, que no estaban convencidos, se
abrieron a buscar un bienestar colectivo mínimo para llegar a la
ansiada dignidad. Algunos recién se dieron cuenta de la precariedad con
la que luchaban por subsistir nuestros compatriotas; endeudándose para
comer.

El
mundo no puede volver a ser el mismo, Chileno va a volver a ser el
mismo, desde acá, vamos a contribuir por empujar a los cambios que
merecemos todos como hijos de la misma tierra.

En
el cierre, recordar el llamado de lavárselas manos frecuentemente con
agua y jabón; mantener la distancia necesaria entre las personas y
evitar salir de las casas, hacerlo sólo en caso de ser realmente
indispensable. Cuidémonos entre todos, en especial a nuestros niños y
adultos mayores, la única forma de vencer esta pandemia es trabajando
todos juntos. Con tu ayuda, Cabo de Hornos crece.

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