La paz de María Paz

A María Paz Cuevas:

Región: Puro talento.

Comuna: Excelente creatividad.

Barrio: Irrenunciable lectora y notable redactora.

Calle: Simpatía y belleza

Número: Generosidad, esencia, emoción.

Presente y pretérito.

Hoy te vi en el jardín del condominio en el que resido, a través de la ventana clausurada.

No puedo recibir visitas, pero eres la excepción.

Estamos a dos metros y, paradójicamente, hablamos por teléfono.

Fuiste cariñosa y sonriente; grata y suave.

Apareciste montada en tu bicicleta.

Refrescante.

Lúcida.

Cálida.

Nos conocimos en la Escuela de Periodismo de la Pontificia Universidad Católica.

Un curso magnífico. Traté de hacer clases profundas y, a la vez, histriónicas.

Una
mañana llevé una maleta gigantesca, llena de sombreros, para despertar
la curiosidad. Pedí que se los pusieran y representaran a un personaje.

Otro
día invité a Rafael Rojas, Gardelito Chileno, casi un clon del Zorzal
Criollo. Todos se sorprendieron y aplaudieron cuando interpretó “Amores
de estudiantes, flores de un día son”.

Se
me ocurrió que “entrevistaran” a personajes famosos. Elegiste a
Jesucristo, una recreación difícil. El resultado fue maravilloso.

Te califiqué con 7.

Después, cuando tenías 20 años, ejerciste  la ayudantía de un curso de adultos. Todos te doblaban en edad.

Corregías de manera impecable y proponías artículos muy originales.

Una
noche visitaste a tu padre y tuviste un problema. Pasaste a mi
departamento y conversamos durante horas. Al retirarte, me dijiste:
“Encontré a mi papá… periodístico”. Lo mantienes hasta ahora.

En
tu visita, me contaste que das clases de narrativa en la Universidad
Católica, donde te formaste. Y escribes en la revista The Clinic.

Me alegro.

Guardo
una fotografía en la que estás con Úrsula  O´kuinghttonsen Isla Negra,
cuando visitamos la insólita casa del poeta Pablo Neruda.

Viviste en Nueva York y siempre me enviabas atentos mensajes desde esa gran ciudad.

Escribiste un libro que estremeció por su fuerza estilística y el dramatismo humano.

Es la Paz con María Paz Cuevas.

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