Las
redes sociales, con sus “me gusta”, “seguidores”, “amigos” o
“retweets”, se han convertido para muchos en los KPI’s (Indicadores
claves de desempeño) que señalan cómo nos está yendo ante los ojos de
los demás de forma instantánea. Claro está, lo instantáneo de las redes
sociales no deja mucho espacio a la reflexión, lo cual se agudiza cuando
hordas de individuos reales o no (bots), se ensañan contra algo o
alguien en una frenética descalificación o pulsión de pulgares hacia
arriba o abajo. La consecuencia de esta mecánica en los políticos, es
que terminan haciendo solo lo que retribuye, dejando de lado lo que no
obtenga recompensa. Aquello acabó por modelar la política, ya que los
políticos como cazadores de votos y presionados por el termómetro de las
redes sociales, concentran sus esfuerzos en una retribución inmediata
de “likes”, sacrificando el análisis decantado, la reflexiva discusión y
búsqueda de acuerdos como condiciones irremplazables para la
elaboración y aplicación de óptimas políticas públicas que cimentan el
bien común.
En
ese sentido, debemos reconocer que los partidos políticos dejaron de
ser intermediarios entre la sociedad y el Estado, porque privilegiaron
el clientelismo y se olvidaron de liderar una causa común.
Lamentablemente, en el plano regional, no ha sido distinto, ya que
quienes estaban llamados a colaborar y liderar por la posición de poder y
privilegios de sus cargos, se han destacado por su paupérrimas
virtudes; concentrados en sus carreras políticas carentes de espíritu de
equipo, han debilitado el quehacer de los partidos políticos que los
elevaron como autoridades, olvidándose de la vida partidaria y de sus
militantes. De hecho, algunos prefieren bailes TikTok en lugar de
trabajar con sus bases.
La
opinión de los electores es relevante, debiendo siempre escucharse y
apreciarse con acuciosa atención, pero un real liderazgo exige la
capacidad de discernir y actuar en base a convicciones racionales y
valóricas. Sin embargo, lo que observamos es un populismo desatado a
diestra y siniestra compitiendo por un “me gusta”, intensificado desde
octubre en un gobierno que no se atrevió a resguardar con decisión la
integridad de la gran mayoría de los ciudadanos que fue violentada por
una minoría extrema, pasando por una izquierda golpista que enloquecida
por las barricadas ha exigido cuanto ha querido a un débil gobierno,
suscribiendo acuerdos que en cosa de horas borra con el codo. Es fácil
para políticos locales pedir con bocinazos cuarentena cuando no les
falta el pan ni calefacción, pero pasan escondidos a la hora de hacerse
cargo de los efectos del confinamiento: pérdida de empleo, salud física y
mental de las personas, sumergiendo en la pobreza a los magallánicos.
No olvidemos quienes hoy hablan de empleo, propiciaron el cierre de la
minera dejando 1000 trabajadores en la calle.
Los
magallánicos han tomado distancia de la política por las mencionadas
razones y por muchas otras más, pero el actuar populista y sin
convicciones, no es el camino de la unidad que requiere nuestra región
para salir adelante. Para que la política nacional y regional salga de
las sucias mazmorras en que se encuentra, requiere renovar sus rostros
con genuinos liderazgos, con capacidad técnica y con voluntad de asumir
costos, con entereza y convicción en la consecución de buenos resultados
en el largo plazo. Tal como los esforzados magallánicos, la región
requiere personas trabajadores y honestas, que no vienen a administrar
una cuota de poder para mantenerse eternamente en un cargo bien
remunerado, sino que requiere de magallánicos comprometidos y dispuestos
a enfrentar los desafíos regionales, construyendo mayores y mejores
oportunidades para todos en las décadas a venir. Así, si lograremos un
real, duradero y compartido “Me Gusta”.