La política en grande

Vivimos tiempos de incertidumbre, qué duda cabe. Transitamos
además, por tiempos en que mucha gente se está quedando sin trabajo,
sin el sustento para sus familias; época de pobreza y pérdida de bienes
materiales, pero también de dramas psicológicos. Mientras en las
noticias, escuchamos, vemos y leemos como los políticos, aquellas
personas elegidas para representarnos en distintos ámbitos, emiten
diagnósticos, esgrimen teorías sobre lo que sucede y lo que sucederá;
discuten si tal o cual medida gubernamental será o no eficaz; en fin,
para muchos, aparecen alejados de los verdaderos problemas de las
personas. Se escucha decir que los políticos no ayudan, no están con el
“pueblo”, que no saben la realidad de la gente humilde, porque claro, ya
no les interesa.

Entonces
se les asigna a los políticos, especialmente a quienes ocupan puestos
en el Congreso y a futuros candidatos para todo tipo de cargos, la tarea
de repartir alimentos, donar dinero o especies para alguna rifa o
bingo, transitar por las poblaciones para que conozcan en mi primera
persona, los padecimientos de quienes menos tienen en esta sociedad.
Esta forma de ver y entender la actividad política, que es la de asistir
a los más pobres de manera directa, con un bono en dinero, una caja de
alim
entos,
remedios, un algún puesto de trabajo, un “pituto”, o cualquier
beneficio para el votante, que a fin de cuentas, dice que votó o votará
por el político al que ahora pide una ayuda, es reducirla a
beneficencia, a Departamento de Ayuda Social, a actividad de
voluntariado.

Pero la política, actividad tan venida a menos en esta época (por muchas
justas razones, hay que decirlo), es otra cosa. No debemos seguir
degradando la política a una actividad asistencialista, e incluso
clientelar, donde el voto o la promesa de darlo, se cambia por una
dádiva.

En
una entrevista al Rector Carlos Peña, el domingo recién pasado, éste
decía que “los grandes políticos son aquellos que con sobriedad
intelectual son capaces de contener el miedo, darle un sentido a lo que
ocurre y enseñar la realidad con todo lo terrible que tiene, sin
eludirla” (sic). Es decir, políticos que nos hablen con la verdad, que
piensen en darle un sentido y un rumbo al país, que nos den ideas de

un destino mejor, entendiendo que la realidad es amarga muchas veces,
que exige sacrificios, pero que al final, todo esfuerzo valdrá las penas
sufridas. Políticos alejados de la verborrea dramática y del lenguaje
que infantiliza a las personas, eximiéndolas de toda responsabilidad por
el áspero presente que tienen, porque el “sistema” u otros fueron
injustos con ellos.

En
estos tiempos en que la llegada a un puerto no se vislumbra como
probable, ni a cuál puerto llegaremos cuando podamos ver alguna orilla; y
en que nos azota una mar de altas olas y espesas espumas, se requiere
como nunca, de políticos alejados del aplauso fácil, de la encuesta
zigzagueante que les mueve a decir lo que parece que da rating cada
semana. Se requiere de hombres y mujeres que a pesar de los pesares, nos
convoquen a una épica batalla contra el presente, porque el futuro es
nuestro y encomendado a Dios, porque la política se escribe y se
practica en grande, no en dádivas que se consumen en días pesados, pero
veloces.

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS