Es
innegable que nuestro sistema sanitario está sometido a una de las
pruebas más difíciles a lo largo de toda su historia. Al momento de
escribir esta columna y producto del COVID-19 nos acercamos a los ciento
veinte mil contagiados y a casi mil cuatrocientos muertos, con poco más
de trescientos veinte ventiladores mecánicos disponibles. Una situación
dramática que también tendrá consecuencias económicas y sociales
terribles para todo el país.
Sin
embargo, y sin ánimo de hacer competir las cifras, lo cierto es que
desde que se detectó el primer caso de contagio en Chile el pasado 3 de
marzo, casi siete mil personas han muerto producto de algún cáncer.
Esto, si consideramos que en promedio y según cifras estimativas de la
Fundación Foro Nacional del Cáncer, cada año en nuestro país mueren
debido a esta enfermedad unas 28.000 personas, unas 76 cada día y tres
cada hora.
Mucho
se ha dicho durante la pandemia que las enfermedades de base como la
hipertensión, la diabetes, la obesidad o el asma pueden hacer que una
persona tenga más posibilidades de verse expuesta a un cuadro grave si
resulta infectado con coronavirus, pero poco se ha mencionado al cáncer
como una de las más peligrosas condiciones previas al contagiarse. De
hecho, muchas de las víctimas fatales eran pacientes oncológicos que, al
tener su sistema inmunológico muy debilitado, fueron presa fácil del
COVID-19.
Pero
como si eso no fuera suficiente, la gran mayoría de los pacientes
oncológicos han visto detenidos sus tratamientos producto del riesgo que
les implica ir en estos momentos a realizarse sus procedimientos como,
por ejemplo, la quimioterapia. En esto quiero destacar el trabajo
realizado por la doctora Edith Jofré del Hospital Clínico y su equipo
que, pese
a la contingencia, han hecho lo imposible por seguir respondiendo a las
y los pacientes en Magallanes, tomando todos los resguardos del caso.
Si
bien es posible comprender que una pandemia de la magnitud de la que
nos está afectando en este minuto genera una serie de problemas anexos
de todo tipo en el aspecto sanitario, creo que otro gallo cantaría si a
esta altura la Ley Nacional del Cáncer ya estuviera vigente.
El
proyecto legislativo se encuentra actualmente en la comisión de salud
de la Cámara de Diputados, donde se debiera hacer alguna indicación para
luego retornar al Senado para su despacho definitivo. En la última
audiencia de dicha comisión expusieron la presidenta de la Fundación
Nuestros Hijos, Dra. Marcela Zubieta y la presidenta de ACHAGO
(Asociación Chilena de Agrupaciones Oncológicas), Piga Fernández. Ambas
coincidieron en hacerles ver a los parlamentarios y a la diputada Ximena
Ossandón (la única mujer) la necesidad de aprobar lo antes posible la
ley, que es lo que todos los pacientes están esperando.
Sabemos
que nos queda mucho por delante para da por superada la emergencia
sanitaria generada por el COVID-19, pero también tenemos la certeza que,
en algún momento, la superaremos. Cuando eso pase, el cáncer seguirá
presente en la vida de muchas familias chilenas y de la misma manera
seguirán muriendo tres compatriotas cada hora. No nos olvidemos de esa
otra pandemia, más silenciosa pero más letal.