La verdadera derecha

Se
habla tradicionalmente de varias derechas. A mi juicio se pueden
definir tres que correcta o incorrectamente se les puede ubicar
políticamente en el sector denominado de derecha.
La
derecha económica, una farsa, porque los empresarios no son de derecha
ni de izquierda, son empresarios y velan siempre por el resultado, por
la última línea del Balance, y estarán más cómodos donde pueden
desarrollar sus empresas.

La derecha social, otra farsa, porque pretende generar una opción desde las ideas de la socialdemocracia,
en la cual si bien es cierto respetan la propiedad privada y el libre
emprendimiento, siempre van por un Estado que ellos denominan benefactor
o de derechos y que indefectiblemente terminan dándose cuenta
de que
su financiamiento permanente es casi imposible. Vean las experiencias
de toda Europa de la postguerra, la cual trata hoy en día de “desarmar”
dicho Estado benefactor, porque el financiamiento es altamente complejo,
a pesar de los desarrollos económicos alcanzados y los altos PIB que
ostentan dichas economías del “primer mundo”
.

La
derecha política, quizás el “patito feo” de las derechas, y a la que
indefectiblemente se ha debido recurrir a lo largo de nuestra historia,
por lo menos de los últimos cien años. S
í,
aquella que surge (más bien resurge) en 1971 de la mano de Jarpa,
Guzmán, Pérez de Arce, Bulnes, Ossa, quienes desde el Partido Nacional
lideraron la oposición a la nefasta Unidad Popular de Allende.
¿Y quiénes nos habían llevado a aquello? La mal llamada derecha económica,
que olvidó que las ganancias legítimas son aquellas que se obtienen
cuando se beneficia de igual manera al capital y al trabajo, el
ganar-ganar de la gestión moderna, el modelo 10-10 de organización, el
rol social de la empresa, la preocupación real por los “colaboradores”,
el compromiso decidido porque “mí” empresa tenga los mejores
trabajadores, los mejor retribuidos y los más satisfechos, porque así
aportan más y serán felices.

Los que se han apartado de aquello (que es
lo que propone una economía de mercado y de emprendimiento)
no solo no son de derecha, sino que son MALOS EMPRESARIOS, y de aquellos
existen en todas partes y no representan un determinado pensamiento
político (no olviden que los empresarios de la primera mitad del siglo
XX en nuestro país
se desarrollaron al amparo de mercados nacionales protegidos). Por otra parte, la derecha social (que no es invento de hoy solamente) hace crecientes e ingentes esfuerzos por caerle
bien a la izquierda y terminan definitivamente entregando el poder a
los marxistas. Ocurrió en 1964 y fueron incapaces de “salvar” en 1970
porque primó el ego partidario de la democracia cristiana que quería el
partido único gobernando por 30 años, como antes lo habían hecho los
gobiernos radicales, y no devolvió la mano a la derecha que le había
apoyado en 1964.

Muchos reiteran (a mi juicio interesadamente) que
no debemos mirar el pasado. Eso es un error, como ya se señaló hace
bastante tiempo, porque los países que no conocen ni aprenden de su
historia
están irremediablemente sentenciados a repetirla. Hoy
caminamos, habida consideración de los desarrollos tecnológicos y que
nuestro país no tiene la misma miseria y subdesarrollo de los setenta,
por una senda que nos lleva a repetir el mismo fracaso de hace 50 años.
Con discursos encendidos y banderas al viento, con populismo a todo dar,
con quiebre progresivo e intenso de las instituciones, con violencia
terrorista desembozada y protegida, caminamos cual piño de animales a un
destino ya conocido: el “matadero”, que en política implica una
dictadura castro
chavista. Se los dijimos, pero solo el 22% creyó aquello.

Entonces en esta etapa, ¿cómo podríamos evitar un desenlace cruento, ahora indefectiblemente marxista? No existe otra opción que en noviembre próximo
la lucha por la LIBERTAD sea la épica que nos debe guiar. Y será
nuevamente la derecha política, aquella de los valores y de los ideales,
de los compromisos y la consecuencia, aquella que reconoce los aciertos
del pasado y asume los errores, aquella que está dispuesta (en igualdad
de condiciones) a un genuino nunca más de AMBOS SECTORES CIVILES, es la
que nos pueda llevar a recobrar el tiempo perdido. Vamos a recuperar
Chile y los vamos a poner de nuevo en marcha creciente hacia el futuro y
en libertad y en paz. Y la derecha política que será líder en este
momento, para ese gran objetivo nacional, evidentemente es el Partido
Republicano, al que crecientemente la mayoría silenciosa comienza a
sumarse.

Junto a dicho partido líder
nos pondremos de pie, nos ponemos a disposición de nuestra Patria, nos
comprometemos con nuestros compatriotas a llevar a Chile al desarrollo
para todos sus habitantes. No podemos fallar. La tarea es titánica y nos
necesita a todos. Un abrazo.

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