El 15 de octubre de este año, en este mismo periódico junto a un grupo de profesionales independientes pedimos una nueva estrategia a las autoridades, ante el fracaso de una cuarentena ineficaz en el largo plazo y enfocar los esfuerzos en la población más vulnerable, en el mismo sentido a lo planteado por la Declaración de Great Barrington. Al poco tiempo; políticos, empresarios, emprendedores y la población en general, comprendió lo inútil y poco efectiva de la cuarentena, de hecho durante el mes de octubre y noviembre, la movilidad se incrementó a cifras similares prepandemia, las fiscalizaciones se relajaron e incluso fueron inexistentes, no existiendo en la práctica cuarentena, ni toque de queda en Magallanes. Paralelamente las autoridades sanitarias, ya en conocimiento del completo fracaso, a mediados de octubre “cambiaron la estrategia” y decidieron no realizar PCR a los contactos estrechos, bajando así artificialmente las cifras desde aproximadamente 300 positivos diarios, al día siguiente y por arte de magia a tan solo: 100. Dicha cifra promedio se ha mantenido constante durante los últimos tres meses. El actual Seremi (s) de Salud, aseguró que si no habían cifras menores a 20 contagios diarios promedio durante una semana la cuarentena no se levantaba (cosa que nunca se logró y menso cumplió), mientras los fiscalizadores del servicio de salud prohibían el funcionamiento de locales en la feria “Vamos al Centro”, y lo mismo pretendían realizar en calle O’Higgins, pero ahí se encontraron con el acérrimo rechazo de los empresarios Gastronómicos ya organizados, que habían tomado la decisión de no acatar más los Decretos de la Autoridad Sanitaria, virilizándose en todo Chile el discurso de su presidente Jaime Jelincic, que impidió la fiscalización. Se tejía quizás así, un posible “Puntarenazo Nº3”, que había sido precedido por aquel en plaza de armas el año 1984 y la crisis del gas el 2011. Esta última aun en la retina del actual Presidente y que fuera, la primera crisis institucional en su primer gobierno. Un posible alzamiento o desobediencia civil, tendría seguramente un efecto dominó que podría haber puesto en jaque el plan “paso a paso” a nivel nacional y potenciar movimientos en ciudades como Valdivia o Puerto Montt, a las cuales también se decidió, prontamente flexibilizar las medidas de confinamiento. ¿Qué cambió en términos sanitarios, para que hoy Punta Arenas esté sin cuarentena y Puerto Natales lo más probable siga el mismo camino esta semana?: la respuesta en términos sanitarios es: NADA. El único cambio, no fue sanitario, fue político. La semana recién pasada funcionarios fiscalizadores de salud, “osaron” prohibir el funcionamiento de locales de la feria “Vamos al Centro”, que había sido inaugurada tan solo un par de días antes en calle Bories, por el Alcalde Radonich. Ocurrido lo anterior y siendo el Alcalde Radonich, la ÚNICA Y REAL PRIMERA AUTORIDAD OFICIALISTA EN MAGALLANES, rápidamente exigió a su presidente (el cual recibe regularmente en su propio despacho), la eliminación inmediata de la cuarentena en su comuna (la misma de la cual fue el primer impulsor y defensor), porque ahora perjudicaba una iniciativa personal y liderada por este: la feria “Vamos al Centro”, que si fracasaba por la “persecución y acoso” de los funcionarios de salud, seguramente tendría un efecto contrario a sus intereses de reelección y los múltiples locatarios de calle Bories. El resultado de las gestiones ya todos las conocemos: el Alcalde anunciando al día siguiente que se levanta la cuarentena, (incluso antes que el propio Ministro), una Intendenta y Seremi (s) de Salud que están en buen chileno solo “pa’ la foto”, sin peso político, decisión alguna y hoy más encima: mudos. La pregunta que nos hacemos los Magallánicos, a la luz de lo ocurrido la semana recién pasada: el confinamiento que tuvimos, por casi 10 meses, fue una decisión: ¿Sanitaria, Política, electoral o populista (o quizás todas las anteriores)? y ¿quién responde por los cientos de empresas quebradas y miles de magallánicos cesantes? Juzgue usted mismo, quien tuvo siempre la llave de entrada y salida de la cuarentena en Magallanes.