Como en toda elección o plebiscito ocurrido en los últimos 50 años, se pueden sacar análisis después de la batalla.
El primero de ellos es que el 80% de la población quiere una nueva constitución estimando que la actual no cumple con sus expectativas de lo que es una Constitución para el país y el restante 20% estaba conforme y abrazaba los postulados de la actual Constitución vigente.
El segundo es que por primera vez en mucho tiempo los jóvenes fueron a votar y participar de vocales de mesa, cuestión que la verdad de las cosas no tiene ningún mérito personal, puesto que en realidad el acudir a votar es un deber cívico, deber que pasó de obligatorio a voluntario el año 2013. Pero sí hay que reconocer que el plebiscito 2020 tuvo la capacidad de encantar a los jóvenes por que sienten que es parte de su proceso iniciado por esa generación en Octubre de 2019, generación que cree que la violencia es útil como método para obtener cambios políticos y sociales, recordemos que todo empezó con la evasión del metro, la destrucción de bienes públicos y privados, bienes que ellos no tuvieron participación ni en su construcción ni en su financiamiento ya que la mayoría de ellos no trabajan y muchos de ellos tampoco estudian.
La tercera es que hubo más de 6 millones de personas que no acudieron a votar, del padrón de 14.855719 personas habilitadas para sufragar, sólo votaron 7.562.173 equivalente al 49,7% del padrón electoral, muy debajo de la participación de los plebiscito de 1988 (97.53 % del padrón) y el plebiscito de 1989 (93.73 % del padrón), aun cuando en términos nominales superó a la de 1988 por 200 mi votos y a la de 1989 por 400 mil votos y a la última elección presidencial con voto voluntario (2017) la supero por 400 mil votos.
De todo lo anterior debo reconocer que es una situación bien amarga, por que más que un tema en contra de la Constitución de “Pinochet” -lo pongo entre comillas-, aquí lo que advierto es un gran resentimiento social y si hay algo que verdaderamente me molesta es eso.
Según César Cuello Nieto, director de Flacso, el resentido social entiende que su pobreza es debido a que los ricos no permiten movilidad social a su ascenso, ni que tenga una vida más digna, en vez de superarse, se resiste a hacerlo. Las personas resentidas se identifican por su falta de estímulo, de metas propias en la vida, tienen una actitud de negar, de estigmatizar, condenar, rechazar todo lo relacionado con su estatus actual.
La sicóloga clínica Verónica Guzmán Franco confirma que “en una sociedad altamente desigual y consumista, como esta, en la que lo más importante son los bienes materiales, es muy fácil convertirse en un resentido, pues las exigencias económicas y el afán de poder, principalmente económico, no van de la mano con el poder adquisitivo de la mayoría. Esto, a largo plazo, crea sentimientos de envidia, celos e inconformidad, los cuales son frecuentes en las personas resentidas que consideran que la vida es injusta con ellas. No llegan a entender cómo otros consiguen con cierta facilidad aquello que, a pesar de haber luchado tanto por obtener, no logran conseguir”
Luego es decepcionante ver que la Región de Magallanes, haya ganado el apruebo con un 80%, Región Top 10 de Desarrollo en toda América Latina según IDERE, tenga albergado tanto resentimiento social hacia el modelo económico y socio político que estuvo vigente en Chile estos 40 años.