Las vacas sagradas (1)

A nuestra cultura occidental siempre le ha chocado el concepto de “vaca sagrada”, propio de creencias extranjeras de hacinamiento y hambre colectivos pero en que las vacas pastan tranquila y masivamente en las ciudades, y esta absolutamente prohibido tocarlas, menos comérselas. Por eso nos referimos a ellas como concepto de algo detestable, de privilegios insostenibles e injustos, cuando no estúpidos.
   Nuestro país tiene muchas vacas sagradas. Cuando esta pandemia se ha transformado prácticamente en la vara rasante y medida de toda nuestra actualidad, llama poderosamente la atención la mayor de las vacas sagradas: el plebiscito del 25 de octubre, que cual mantra religioso de otros dioses, nos estrangula como sociedad, supera todo limite de racionalidad y de prudencia y se abre paso como un viento imparable que se transformara en tempestad. No se toca.
   Lo digo con convicción absoluta y lo demostrare desde todo punto de vista: el plebiscito de Octubre es ilegitimo e inmoral, profundamente inmoral, como lo seria un asalto a mano armada con amenazas insultos, lesiones, muertes y daños y que gracias al cual se ha obtenido de quienes tenían a cargo el cuidado de la comunidad hayan entregado aterrados, acobardados cuando no cómplices, las claves esenciales del presente y el futuro de un país que languidece en esta enfermedad mundial, destruida su institucionalidad, muy dañada su economía, su imagen país, y en que no se ve luz al final del túnel porque además quienes están llamados por definición a anticiparse y construir una esperanza colectiva evidencian en todos lados su incapacidad y mirada de corto plazo y sobre todo mediocre. La gente se siente cada vez mas desamparada y temerosa e insegura, porque observa que el mundo entero soporta un rebrote gigantesco, pero nuestra autoridad y la clase política actúan como si esto terminara la próxima semana. Pasaremos Navidad en pandemia y con muchos mas muertos, total no votan, después de entregar nuestra libertad y nuestro país, y no tenemos otro.
 Es así, la gente siente que se esta forzando a como  de lugar un plebiscito en que nada importa la vida y salud de la gente, menos los gastos a favor de la clase política. Se han echado las autoridades al bolsillo hasta los principios del Derecho Publico y delegado en el Servel la organización de un “plebiscito seguro”, y el Servel no tiene ninguna capacidad técnica para ello, produciendo un mamarracho de normas que no están ni al nivel de un supermercado preocupado por los clientes. Y quedo evidenciado a raíz de consulta de un usuario, que el Servel jamas busco ni tuvo opiniones técnicas menos científicas. Y acá en Magallanes con nuestro nivel de contagios y muertes ¿podemos confiar en la “seguridad” que ofrecen las autoridades? Habría que ser… Luego, ese plebiscito será una trampa mortal, del que seguramente se restaran millones de adultos mayores, grupos de riesgo y personas prudentes, y eso es lo que quieren los promotores de este magno fraude, que se lo recuerdo a esos derechistas del apruebo que dan vergüenza ajena, su finalidad no es hacer una “mejor “constitución ni ejercitar conocimientos jurídicos, sino completar un cambio político de carácter foropaulista y totalitario en que con la mentira de “mas derechos” desaparecen los derechos individuales, entregando a Chile a las fauces del globalismo socialista, destruyéndonos como país, a nuestra historia, nuestros valores, nuestros héroes, hasta nuestro idioma. La nueva Constitución no será “compartida”. Como si un suicidio colectivo y el sueño de generaciones enterrado, sea “normal”, “ejemplar” y “seguro”, ¡patético! No hay peor ciego que el que no quiere ver, aunque estén en cargos de ministros de Estado, parlamentarios y otros.
Pero están apurados, no vaya a ser que muchos se arrepientan al darse cuenta que afuera hay un país en ruinas, que solo el plebiscito cuesta una fortuna, y es solo el inicio de un proceso constituyente fraudulento, inmoral, lleno de desquiciamiento en que una ideología nefasta  construye su imperio.
Gracias al plebiscito y otras vacas sagradas a las que me referiré en adelante.

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