Por fin es una realidad! Luego de más de ocho años de trabajo colaborativo entre pacientes, representantes del mundo médico, científico y personas de distintos ámbitos, este miércoles fue promulgada la Ley Nacional del Cáncer. Se empieza a escribir ahora una nueva historia, llena de enormes desafíos que van de la mano de una política de Estado permanente que debe ser implementada con metas a corto, mediano y largo plazo.
Es momento de agradecer a todos los que han hecho posible este logro: Jorge Jiménez de la Jara como presidente del Foro Nacional del Cáncer, donde surgieron las bases del texto que presentamos en el Parlamento; a Bruno Nervi, quien encabezó el primer Consejo Asesor de Cáncer y fue clave en aunar esfuerzos en el Plan de Cáncer. Nobleza obliga, reconocer el apoyo de los ex ministros Emilio Santelices, Gonzalo Blumel y Claudio Alvarado, quienes demostraron que la política puede dar sus frutos, lograr acuerdos y poner al centro a las personas. También al Presidente Sebastián Piñera que, tal como recordó en la ceremonia de promulgación, se comprometió en campaña como candidato con algunas “propuestas del programa de Goic”, entre ellas, la Ley Nacional del Cáncer.
Son muchos y muchas más a quienes me gustaría agradecer, sobre todo a quienes llenaron plazas, convocaron, marcharon y sacaron firmas por esta Ley, pero me faltaría espacio; pero sí puedo representarlos en las agrupaciones de pacientes a lo largo todo el país, en particular a ACHAGO, a Pamela Ojeda y Tamara Morano de las agrupaciones en Magallanes. Muchas y muchos ya no están con nosotros, como nuestro querido doctor Claudio Mora, cuyo nombre dimos a la Ley en homenaje a su generosidad y decidido impulso, pero sobre todo a su llamado a humanizar el trato al paciente y su familia.
Son estas leyes las que para mí le dan sentido a la política y a representar a mi querida región en el Congreso. La Ley Nacional del Cáncer no solo aborda la pandemia silenciosa de la enfermedad que cobra la vida de tres personas cada hora en nuestro país, sino que, además, lo hicimos todo de manera democrática y participativa mediante el uso de nuevas tecnologías. Fue aprobada por unanimidad porque el cáncer no reconoce colores políticos ni ideologías, porque nos ataca a todos por igual, por lo cual dejamos de lado las trincheras que nos dividían y nos pusimos a construir puentes.
Sabemos que la Ley no va a resolver todo de un día para otro, que tendremos que seguir aumentando el financiamiento año a año, estar vigilantes para que los fondos se utilicen pronto y con trasparencia para llegar a tiempo en el diagnóstico y en prolongar y salvar vidas. No tengo ninguna duda de que estamos legando algo importante a Chile de lo cual me siento muy orgullosa. Más que nunca seguimos unidos y ahora con nuestra Ley que nos anima, tal como nos decía Claudio, a “nunca cansarnos de luchar” por construir un país más justo y humano.