El desarrollo de una vida institucional de una escuela anclada en el aprendizaje de los niños y jóvenes y modelada por un proyecto que organiza la forma de concretar el currículum, introduce un nuevo estilo de conducción de la gestión escolar esta es, la participación de los actores que ponen en marcha el proyecto: “La Comunidad Educativa”. Si bien es cierto, no existen recetas universalmente válidas para la mejora de las instituciones escolares, por mucho que se trate de un desafío común o compartido, cada situación, contexto y comunidad hace que el camino sea propio, único e irrepetible. Como también lo será la dinámica del cambio, los efectos y la sostenibilidad de la mejora producida.
La mejora requiere de rigurosos procesos compartidos e internos de evaluación, reflexión, discernimiento y decisión. El cambio, reorganización e innovación a la base de la mejora, se sostiene y adquiere sentido si proviene de la discusión, decisión y acuerdos internos. Las escuelas que realmente mejoran e impactan los aprendizajes que se busca alcancen los estudiantes, son espacios caracterizados por el compromiso, planificación y decisión conjunta de emprender el cambio hacia metas y objetivos consensuados, al tiempo que por ser comunidades que asumen la obligación de evaluar y analizar sistemática y rigurosamente las prácticas pedagógicas e institucionales, así como los resultados y logros escolares.
En este contexto, la conducción y gestión directiva institucional es del todo relevante para el cambio y la mejora de las escuelas. Es por ello que es importante reiterar que tanto la teoría y principalmente la vasta experiencia de escuelas que emprenden el camino de la mejora, ratifican que ello sólo es posible cuando existe una dirección y conducción clara, competente y comprometida con el sentido, objetivos y metas de la mejora. La ausencia de liderazgo o debilidad de la gestión, apenas producirá destellos de logros o cambios que no logran permanecer producto de sustentarse no en la institucionalidad, sino que en capacidades o prácticas de algunos de los docentes, directivos u otros de la escuela.
Tomando como base lo señalado en el párrafo anterior, hay que reconocer su centralidad, tanto en motor y sustento de todo el engranaje y propuesta del Sistema de Calidad en la Gestión Escolar ya que las funciones, desafíos y acciones que de manera prioritaria se deben liderar y monitorear en este proceso están centradas en el fortalecimiento de las prácticas pedagógicas que deben impactar significativamente en los aprendizaje integrales de los estudiantes.
En otras palabras, es preciso profundizar en la gestión, en el sentido y lógica desde donde se asume, se estructura, organiza y evalúa el servicio educativo en las escuelas, así como en las prácticas institucionales que aparecen claves para el logro de la formación integral, desempeños y aprendizajes relevantes.