Limpiarse antes de

Lo
sucedido en un mediático partido de fútbol y las declaraciones previas
de un gran jugador nos deben llamar a la reflexión. ¿Cuántas veces somos
capaces de hacer afirmaciones temerarias, motivados por un entusiasmo
excesivo y una soberbia irracional? Luego del resultado obtenido que, en
deporte, es solo una derrota, cuando han sido vaticinados desde un
“púlpito” se constituyen en humillación. El personaje queda en ridículo y
objeto de los infaltables memes que el ingenio produce.

Con
ocasión de esta pandemia hemos visto numerosos casos similares. Los más
mediáticos son Trump, Bolsonaro, Andrés López al desmerecer sus
efectos, exponiendo a su población a un daño irreparable en pérdida de
vidas humanas y de desgaste del personal de salud en la atención de los
millones de afectados que copan los servicios médicos. Sus posiciones
son imperdonables y lo que quede de historia los recordará como los
líderes nefastos de nuestra sociedad actual.

A
nivel nacional también hemos visto un concierto de errores
comunicacionales y de operación que han obligado a recular en la toma de
decisiones para el bien de la comunidad. Lo vimos en el proceso de
suspensión de clases, en las duras medidas adoptadas por la seremi de
salud en el aeropuerto de Santiago que costó su salida y en la torpe
tozudez de la autoridad frente a la solicitud de los alcaldes de las
comunas más populosas del país. Nos caigan bien o mal los que las
emitieron y adoptaron o dejaron de adoptar, la pérdida de tiempo llevó a
agravamientos que no dicen relación con una copa deportiva, sino en la
angustia, dolor y muerte de muchos conciudadanos.

Aún
hoy se insiste en analizar la vuelta a clases de los estudiantes
pensando únicamente en metas sectoriales de niños que deben cumplir con
notas. Hay una necesidad imperiosa de que a final de año los alumnos
pasen de curso y parece que da exactamente lo mismo la calidad de la
educación que hayan recibido para esas necesarias promociones. Parece
ultra necesario que los alumnos abandonen el proceso escolar lo antes
posible y que da lo mismo la calidad y profundidad de su aprendizaje y
conocimientos. Aquí hay un sesgo de posibilidad que no todos tienen y
millones quedarán en desigualdad. ¿Qué tanto perder un año? ¿A quién le
afecta?

El
enorme trabajo que están realizando profesores, alumnos y los padres
desde sus casas es imposible de medir y seguramente será objeto de
estudios y tesis cuando haya tiempo para hacerlo. Nadie sabe la
profundidad del daño u oportunidad de crecimiento que cada alumno haya
logrado con este sistema y dependerá de la singularidad de cada uno, de
la potencia de sus maestros y de la paciencia y control que sobre los
niños puedan tener los padres. El trabajo individual debe llevar al
convencimiento de las potencialidades que cada estudiante tiene y del
deseo de superación y proyección que pueda incubar. Ya no estará el
sistema competitivo de tener un compañero de similar condición al lado
que le incentivaba a mejorar rendimientos.

Hoy
estamos en la antesala de una generación nueva y diferente a la nuestra
y todo el proceso educativo y social deberá readecuarse a la realidad
del momento en que se les permita volver a clases de manera segura y eso
está aún muy lejos en el tiempo. Aunque declaren que la pandemia está
vencida y decidan lo que decidan, serán los padres y los profesores que
optarán para hacer caso o no. Mientras todo esté detenido, no se pueden
hacer menciones precipitadas y mucho menos peyorativas sobre los actores
que participan del proceso educativo.

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