Todos
los días nos vemos desbordados por las noticias del inesperado y
desgraciado virus que nos afecta, la realidad sanitaria y los problemas
sociales, constituyen la mayor avalancha de informaciones por estos días
de necesario distanciamiento. Cifras y estadísticas, performance de
autoridades que hablan de logros y beneficios, que las personas aprecian
todavía lejanos o inexistentes. Anuncios ansiosos y atropellados de un
regreso seguro, que nunca fue. En fin, tanta parafernalia egocéntrica y
publicitaria, si después se constata que la tasa de personas
diagnosticadas como positivas, aumenta a cifras de 2000 por día. Para
que hacer tanto aspaviento con el número de exámenes y compararnos
odiosamente con otros países, escogidos con pinzas para generar
aprobación pública, en circunstancias que para otros propósitos,
siempre hemos buscado compararnos con los países de la Organización para
la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), en cuyo grupo somos
uno de los 6 con menos exámenes de Coronavirus. Según cifras oficiales
Chile realiza 8,1 test por cada 1.000 habitantes, lo cual se aleja
bastante de la media de testeos que alcanza los 22,9 por cada 1.000
habitantes. Un subsecretario, el mismo que tiene un recurso de
protección en su contra por, “acciones y omisiones que derivan en grave
amenaza y perturbación del derecho a la vida de las enfermeras y
enfermeros”, presentado por el Colegio de Enfermeras de Chile. Explica
lo anterior, con dichos que son a lo menos inconsecuentes, aseverando
que es “lógico”, debido a que los países de la OCDE llevan bastante
más tiempo con la enfermedad. Siguiendo la misma aseveración, “no era
lógico”, entonces llamar tan anticipadamente al “retorno seguro”, si
llevábamos menos tiempo que los países del hemisferio norte. Tampoco era
lógico entonces, no mirar lo que sucedía en esos países. Incongruencias
otra vez, pero peligrosas, porque habrá personas que ni siquiera
podrán despedirse de sus familiares y amigos cuando estos partan ¿Qué
explicaciones lógicas se darán entonces? Cuando se utiliza, “lógico o
lógica”, como adjetivo significa que algo sigue las reglas de la lógica y
de la razón, que deben necesariamente ser coherentes con el contexto y
realidad que estamos viviendo. Sin profundizar mayormente en términos
filosóficos, podemos decir, que si no es así, estamos enfrentados a una
“falacia” (latín fallacia: engaño) que es un argumento que parece
valido, pero no lo es, el cual a veces se expresa intencionalmente para
persuadir o manipular a los demás, pero a veces también sin intención
debido a un descuido o ignorancia. Como decían los filósofos, cuidado
con las falacia ad verecundiam (creer que algo es válido solo porque es
citado por una autoridad). En base a lo anterior hay que tener mucho
cuidado en entregar mensajes contradictorios a la ciudadanía, conceptos
como los de “nueva normalidad” y “retorno seguro”, los cuales estaban
muy lejos de poder emplearse y que probablemente recién tomarán algo de
fuerza y sentido, cuando tengamos real constancia de estar saliendo de
esta pandemia. Es crucial que las autoridades e instituciones brinden
confianza y cierto grado de certeza dentro de lo posible, de lo
contrario seguiremos en un deterioro paulatino, que ha quedado de
manifiesto en el informe anual de la organización internacional, Fund
for Peace (creada en 1957), que publica el “Índice de Estados Frágiles
(FSI)”, que sirve de análisis y estudio para muchos gobiernos
internacionales, el cual ubica a Chile en un lugar muy desmejorado. Lo
más preciado que tiene la autoridad no es la fuerza ni su envestidura,
sino la confianza que brinda basada en la razón.