A
la luz de las discusiones que se pueden apreciar en la palestra
pública, me asolan los recuerdos de literatura que leí tiempo atrás, que
como siempre nos enseña a través de la pluma de sus escritores.
Particularmente recordé a Miguel Delibes, ganador de varios galardones
en su natal España, entre otros el premio de narraciones Miguel de
Cervantes. El escritor en su paso por Chile, se inspiró para escribir
su obra “Diario de un Inmigrante”, que al igual que su obra anterior
“Diario de un Cazador” y la posterior “Diario de un Jubilado”, tenían
como protagonista a Lorenzo, que a definición del propio escritor era el
personaje más optimista y desenfadado, de todos los que había creado.
Pero
Delibes, viajó a Chile y se inspiró dando vida a un Lorenzo, que llega a
nuestro país, huyendo de la escasez, con la que vivía ensu natal
Castilla, describiendo en su diario las esperanzas, el desarraigo, el
desengañante las ilusiones incumplidas y nuestras especiales costumbres.
Lo más difícil eran las vicisitudes que pasaba Lorenzo junto a su
esposa y la adaptación al uso que hacemos los chilenos de lalengua
castellana, colmado de giros idiomáticos, eufemismos, y de cosas que se
dicen, pero no se dicen, que son, pero en realidad no son. Inexactitudes
que alparecer no solo sé estacionan en el lenguaje, sino que también en
nuestras actitudes y forma de ser.
La
semana pasada a causa de la aprobación de la iniciativa para modificar
la Constitución a objeto de posibilitar un proyecto que hipotéticamente
permitiría a los cotizantes previsionales hacer uso de un 10 % de sus
ahorros, nos revelo lo eufemístico que podemos llegar a ser. Al fin y al
cabo, aunque muchos decían hace meses que no era así, el tema si estaba
en la Constitución. Pero, en primer lugar, sería bueno aclarar que esta
discusión no es nueva en el mundo, ni menos aún que los chilenos
estamos descubriendo la pólvora. En muchos países se permite el retiro
de parte de los fondos previsionales, de acuerdo aciertas reglas, que
están plenamente normadas y acordadas por las sociedades en sus
respectivos contratos sociales o constituciones.
En
segundo lugar, en países que también tienen un sistema de
capitalización individual de los fondos previsionales, como Australia y
Nueva Zelandia, se permite un retiro permanente por “motivos de
compasión”, como pagar un tratamiento médico, condición de vida
terminal, pagar un préstamo de vivienda para no perder la casa en un
remate, modificar la casa o el vehículo si una persona cae en
discapacidad física, en general en casos de graves dificultades
financieras. En algunos países como Dinamarca los retiros son gravados
con impuestos y en otros como en EE.UU. y Suiza, se manejan bajó la
modalidad de préstamos y reembolsos. También en algunos países el ahorro
individual es complementado con ayuda estatal, como en Reino Unido y
Singapur, con el objeto atenuar el impacto en las futuras pensiones, al
posibilitar el retiro de parte de los fondos, para urgencias
relacionadas con vivienda, educación y salud.
Entonces,
si no hay nada nuevo bajo el sol, ¿por qué tanto escándalo en nuestro
país? La verdad es que en Chile la discusión tiene ribetes más
ideológicos, que de real conmiseración con la necesidad que están
viviendo diversos sectores de la sociedad, a causa de la pandemia y la
inactividad económica decreciente, anterior y posterior al estallido
social.
Existe
un sector político de nuestro país, que siente que se desploma uno de
los símbolos más sagrados del sistema que ideológicamente contribuyeron a
crear, que ha sido muy eficiente para abastecer de recursos frescos al
sistema financiero, pero no así para pagar pensiones, debido a que el
anhelo proféticamente anunciado del 80 % de tasa de recambio, como
pensión ala cual podía acceder un ciudadano nunca se cumplió.
Las
cosas sagradas son mucho más importantes, que una potencial, civilizada
y madura discusión sobre el retiro excepcional y necesario de parte de
los fondos previsionales.